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2020-07-13

Mensaje Episcopal de Convocación del Jubileo Extraordinario, Año Santo del perdón

«remittuntur tibi peccata tua» 

Mensaje Episcopal de Convocación del Jubileo Extraordinario, Año Santo del perdón 

Mons. Fray † Diego del Divino Niño Jesús FSSCJM Obispo Primado de la Congregación de los Siervos Reparadores del Divino Corazón 

A cuantos lean esta carta, gracia y paz de parte de Nuestro Señor Jesucristo. 

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1. «Tus pecados te son perdonados»1 con esta frase el Señor Jesús le devuelve la salud del alma al paralitico, antes de devolverle la salud física, en esta escena encontramos a ese «Dios misericordioso y clemente, tardo a la ira, rico en misericordia y fiel».

2. Jesús nos libera del pecado, tomando sobre sí mismo nuestros pecados y así en un abrazo de amor, obtenido desde la Cruz por medio de su Preciosísima Sangre, ha roto en nosotros las cadenas de la esclavitud del pecado a la que estábamos sometidos. 

3. Ya que nuestra naturaleza humana esta inclinada al mal, alzamos nuestra mirada a Dios con el corazón contrito pidiendo perdón de nuestras faltas por medio del Sacramento de la Reconciliación, a través de los actos de piedad y las obras de misericordia. 

En la visión que recibí estaba Cristo de pie, en un campo de espigas, listas para ser cosechadas, símbolo del fruto de nuestra verdadera conversión, su mirada de amor y dispuesto a otorgarnos el perdón, nos pide vivir este año de gracia reconciliados con Él y con nuestros hermanos, nos invita a subirnos al arca antes de que sea demasiado tarde; a arrepentirnos sinceramente y llevar una vida de santidad conforme a sus designios de amor. 

Es por eso por lo que he convocado y anunciado un Jubileo Extraordinario, el Año Santo del perdón como un tiempo de esperanza para la Iglesia y la humanidad entera que vive en un tiempo de confusión y tinieblas. 

El Año Santo se abrirá el 19 de julio de 2020, tercer aniversario de la primera aparición de Nuestro Señor Jesucristo en estas tierras hidalguenses, esta fiesta indica que Dios no se cansa de buscarnos, que siempre está al pendiente de la salvación de las almas. 

Las revelaciones privadas complementan la revelación publica contenida en la Palabra de Dios y el verdadero magisterio de la Iglesia. Ante la gravedad del pecado que se vive en nuestros días, Dios responde con la plenitud del perdón. Para aquellos que no creen en las apariciones temo decirles que desde su resurrección el Señor Jesús se ha aparecido a sus apóstoles y a cuantos Él quiere para demostrar que sigue al pendiente de su pueblo y nadie puede poner límite al amor de Dios que siempre está dispuesto a darnos su perdón. 

En esta fiesta tendré la gracia y la alegría de abrir la Puerta Santa, a través de la cual cualquiera que entre podrá experimentar el perdón de Dios, que devuelve la dignidad al hombre, la alegría de la vida y la vida de la gracia. 

El primer sábado de agosto, se abrirá la Puerta Santa en la Iglesia de “Nuestra Señora María, Madre de misericordia” en el municipio de Huichapan, Hgo. y establezco que durante todo ese mes en las diferentes Iglesias y cenáculos que tenemos en la República Mexicana, y en otros países como Estados Unidos, Bolivia, Colombia, España e Italia se abra por todo el Año Santo una idéntica Puerta para que todos los fieles de la Iglesia remanente puedan beneficiarse de las gracias y encuentren el camino de la conversión. El jubileo celebrado así expresa como signo visible la comunión de la Iglesia con el que es su cabeza visible el santo Padre el papa Benedicto XVI. 

4. Este mes escogido por el cielo, tiene un gran significado. En efecto, abriré la Puerta Santa en el mes de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, ya que «en Él hemos sido redimidos por su Sangre y hemos recibido el perdón de los pecados, según la riqueza de su gracia»;3 la Iglesia, dispensadora de esta Preciosísima Sangre en el Sacramento de la reconciliación y de la Eucaristía, es guía y apoyo del Pueblo para reconciliarlo con Dios. 

5. El Año Jubilar se concluirá el 18 de julio Año del Señor 2021, en ese día coronaremos canónicamente la tan venerada imagen de Nuestra Señora María, Madre de todos los hombres, ella Refugio de pecadores, que intercede para obtenernos de Dios el perdón. En ese día, cerrando la puerta, agradeceremos a Dios habernos concedido un tiempo de gracia. Consagraremos la Iglesia y la humanidad entera al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María. Que el bálsamo milagroso que brota del Rosario de la imagen de la Virgen llegue a todos, creyentes y lejanos, de salud a los enfermos, la paz a las familias, el consuelo a los tristes y sea el signo de que el reino de Dios ya esta presente en medio de nosotros. 

6. Pedir perdón no es fácil porque somos orgullosos. Y perdonar tampoco es fácil, porque estamos heridos. Así puede pasar que no nos pidamos perdón y esa falta de pedir y dar perdón se acumule en resentimiento. El resentimiento es tomar veneno y esperar que el otro se muera. Y si no es fácil lidiar con el perdón cuando estamos bien, con resentimiento es muchísimo más difícil. Pero tenemos que perdonar. No hay opción. Jesús nos dice que seamos «misericordiosos como nuestro Padre Celestial es misericordioso»4. Y también lo decimos constantemente en el Padre Nuestro: «Perdónanos nuestras deudas, así como 

nosotros perdonamos a nuestros deudores»5. Si nosotros no perdonamos, ¡Dios no nos puede perdonar! 

7. En la parábola del hijo pródigo, «Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente».6 ¡El Padre lo estaba esperando! ¡Fue corriendo a su encuentro! ¡Y el hijo todavía no le había pedido disculpas! En nuestras relaciones personales, tenemos que estar dispuestos a salir corriendo al encuentro de nuestros hermanos que nos hirieron, sin dudarlo y sabiendo que así es el perdón de Dios. Tenemos que estar ansiosos esperando la reconciliación. Y cuando nuestro hermano que nos hirió nos pide disculpas, correr a su encuentro y manifestar la alegría del perdón de Dios. 

8. El Padre casi ni permite que su hijo le diga todas las palabras de arrepentimiento que tenía preparadas: lo manda levantar y manda a sus criados que lo vistan y le pongan anillos. Jesús, estando en la cruz, mira a aquellos que lo estaban torturando y a punto de matar y dice algo increíblemente desconcertante: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen»7 ¿Se puede perdonar a alguien que nos hiere, sobre todo a aquellas personas que son más cercanas? ¡Por supuesto que sí! Debemos tener en cuenta que, como dice Nuestro Señor «no sabían lo que hacían». Tal vez creemos que esa persona nos hiere porque es mala, o porque nos odia. Pero, generalmente, la explicación es mucho más sencilla: no saben. El pecado, para ser pecado debe ser cometido con pleno conocimiento y deliberado consentimiento y esas condiciones no siempre están presentes. Muchas veces nos herimos sin saber, sin querer, sin poder evitarlo. Por eso nuestra disposición a perdonar debe ser siempre generosa y abierta. Tanto si nos piden disculpas como si no nos piden disculpas, teniendo en cuenta que la persona que nos ofendió puede no saber que nos ofendió. Debemos evitar la tentación de decir: «yo eso no lo puedo perdonar» o «jamás te perdonaré». Si no perdonamos, le atamos las manos a Dios para que nos pueda perdonar. 

9. El padre, inmediatamente después de regresarle su plena dignidad al hijo ¡Les pide a los sirvientes que organicen una fiesta! ¿Olvidó la ofensa? ¿Se olvidó de todo lo que su hijo le había hecho? No. La respuesta se la da al hijo que protesta del trato que le dio el Padre al hijo descarriado: «este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado»8. ¿Cómo no alegrarnos si la paz ha vuelto a nuestra vida? ¿Cómo no alegrarnos si podemos dejar atrás nuestras diferencias? 

10. Otro episodio de la Escritura, es el de la mujer adúltera, luego de confundir a los acusadores, hay un hermoso diálogo entre Nuestro Señor y la mujer: «Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Nadie te ha condenado?» Ella respondió: «Nadie, Señor.» Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno»9 ¿Por qué cuando estamos enojados acusamos constantemente a quien nos hirió? ¿Por qué buscamos pelea? ¿Estamos tan libres de pecado que creemos que podemos acusar a quien nos hirió? ¿Creemos que vamos a conseguir la benevolencia del otro repitiéndole mil veces las cosas que nos hizo? Yo creo que no. Si queremos la paz, esta no es una buena técnica. 

11. Pero eso no significa necesariamente que nunca más lo vamos a volver a hacer. Luego de ese hermoso diálogo con la mujer, Jesús le dice: «en adelante no peques más»10 Y esa es la parte que a veces más nos cuesta cuando hemos sido nosotros los que ofendimos. A veces caemos en la rutina de pecar “porque la misericordia de Dios es infinita”, y no ponemos los medios para producir esa conversión, esa transformación interior que es nuestro deber hacer para agradecer el perdón de Dios. Cuando nuestro «Perdóname» a quien ofendimos se vuelve rutinario, o cuando vamos a la confesión sacramental sin propósito de enmienda, el poder del perdón se diluye. Tenemos que agradecer constantemente la misericordia de Dios y de nuestros hermanos y poner todos los medios para esa transformación interior. ¿Y si caemos de nuevo? ¡De nuevo nos levantamos! Pedimos perdón sincero y volvemos a poner todos los medios para no volver a caer. ¿Cuántas veces debemos perdonar a quienes nos hieren? ¡Setenta veces siete! 

12. En otro pasaje de la Escritura, Jesús le dice al buen ladrón: «Hoy estarás conmigo en el Paraíso»11 ¿Cómo perdonamos? El perdón no significa que tenga que olvidar la ofensa recibida. El perdón no tiene que ver con tu memoria. El perdón tampoco tiene nada que ver con los sentimientos. ¡Jesús pidió perdón por sus torturadores desde la Cruz! Tal vez, si la ofensa fue muy grave, nos vamos a acordar de la ofensa que nos hicieron hasta el último momento de nuestras vidas. Perdonar significa “seguir dando”. Perdonar significa “donarse otra vez”. Cristo le da su perdón a alguien que manifiestamente no lo merece. Tan buen ladrón fue que a último momento “se robó el Cielo”. Cuando perdonamos, no podemos seguir con “cara de víctimas”, mucho menos con “actitud de víctimas”. Si el perdón es real y completo, no volveremos a hablar del tema nunca más, ni con el ofensor, ni con nadie, exceptuando con nuestro confesor. Eso significa perdonar: dejar atrás una ofensa y hacerlo de una vez y para siempre. 

13. El perdón no puede limitarse a pedirnos perdón mutuamente, aunque es un buen comienzo. Pero luego de perdonarnos mutuamente, en forma inmediata y completa, debemos saber que aquella persona que ofendimos es ¡hija o hija de Dios! Entonces, lo siguiente que tenemos que hacer es ir a confesarlo a un sacerdote, para que, mediante la absolución, la penitencia y el consejo adecuado podamos tener realmente paz en el alma, en nuestra familia o en nuestras comunidades. La paz verdadera se cimenta sobre el perdón sobrenatural. Nuestro Señor nos lo dijo al dejarnos la paz «mi paz les dejo, mi paz les doy: no la doy como la da el mundo»12 

14. La peregrinación es un signo peculiar en el Año Santo, porque es imagen del camino que cada persona realiza en su existencia. La vida es una peregrinación y el ser humano es un peregrino que recorre su camino hasta alcanzar la meta anhelada. También para llegar a la Puerta Santa en esta Santa Iglesia Catedral y en cualquier otro lugar, cada uno deberá realizar, de acuerdo con las propias fuerzas, una peregrinación. Esto será un signo del hecho que también el perdón de Dios es una meta por alcanzar y que requiere compromiso y sacrificio. La peregrinación, entonces, sea estímulo para la conversión: atravesando la Puerta Santa nos dejaremos perdonar y abrazar por Dios. 

El Señor Jesús indica las etapas de la peregrinación mediante la cual es posible alcanzar esta meta: «No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados.»13 Dice, ante todo, no juzgar y no condenar. Si no se quiere incurrir en el juicio de Dios, nadie puede convertirse en el juez del propio hermano. Los hombres ciertamente con sus juicios se detienen en la superficie, mientras el Padre mira el interior. ¡Cuánto mal hacen las palabras cuando están motivadas por sentimientos de celos y envidia! Hablar mal del propio hermano en su ausencia equivale a exponerlo al descrédito, a comprometer su reputación y a dejarlo a merced del chisme. No juzgar y no condenar significa, en positivo, saber percibir lo que de bueno hay en cada persona y no permitir que deba sufrir por nuestro juicio parcial y por nuestra presunción de saberlo todo. Jesús pide también perdonar, dar nuestro perdón, porque hemos sido los primeros en haberlo recibido de Dios. Así entonces, «Tus pecados te son perdonados» es el “lema” del Año Santo. En el perdón tenemos la prueba del amor de Dios. Nos otorga su perdón gratuitamente y sin pedir nada a cambio. 

15. En el Evangelio de San Lucas encontramos otro aspecto importante para vivir con fe el Jubileo. El evangelista narra que Jesús, un sábado, volvió a Nazaret y, como era costumbre, entró en la Sinagoga. Lo llamaron para que leyera la Escritura y la comentara. El pasaje era el del profeta Isaías donde está escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor »14 “Un año de gracia”: es esto lo que el Señor anuncia y lo que deseamos vivir. Este Año Santo lleva consigo la riqueza de la misión de Jesús que resuena en las palabras del Profeta: llevar una palabra y un gesto de perdón a nuestros hermanos, anunciar la liberación a cuantos están prisioneros por el pecado, restituir la vista a quien no puede ver más porque se ha ensimismado, y volver a dar dignidad a cuantos han sido privados de ella. 

16. ¡Este es el tiempo oportuno para cambiar de vida! Este es el tiempo para dejarse tocar el corazón. El momento de entrar en el arca antes de que sea demasiado tarde. 

17. El Jubileo lleva también consigo la indulgencia. En el Año Santo del perdón, ella adquiere una relevancia particular. El perdón de Dios por nuestros pecados no conoce límites. Dios está siempre disponible al perdón y nunca se cansa de ofrecerlo de manera siempre nueva e inesperada. En el sacramento de la Reconciliación Dios perdona los pecados, que realmente quedan derogados; y, sin embargo, la huella negativa que los pecados dejan en nuestros comportamientos y en nuestros pensamientos permanece. La indulgencia del Padre que a través de la Iglesia alcanza al pecador perdonado y lo libera de todo residuo, consecuencia del pecado. La Iglesia vive la comunión de los Santos. En la Eucaristía esta comunión, que es don de Dios, actúa como unión espiritual que nos une a los creyentes con los Santos y los Beatos cuyo número es incalculable15 Su santidad viene en ayuda de nuestra fragilidad, y así la Madre Iglesia es capaz con su oración y su vida de ir al encuentro de la debilidad de unos con la santidad de otros. Vivir entonces la indulgencia en el Año Santo significa a Dios con la 

certeza que su perdón se extiende sobre toda la vida del creyente. Indulgencia es experimentar la santidad de la Iglesia que participa a todos de los beneficios de la redención de Cristo. Vivamos intensamente el Jubileo pidiendo al Padre el perdón de los pecados y la dispensación de su indulgencia. 

18. Dirijámonos ahora a la Santísima Virgen María, Refugio de los Pecadores, Que ella interceda por nosotros en este Año Santo, para que todos alcancemos el perdón de Dios; ella nos servirá de apoyo mientras atravesaremos la Puerta Santa para experimentar el perdón de Dios en nuestras almas. Al pie de la cruz, María es testigo de las palabras de perdón que salen de la boca de Jesús. El perdón supremo ofrecido a quien lo ha crucificado nos muestra hasta dónde puede llegar el amor de Dios. 

19. Un Año Santo extraordinario, en el que experimentaremos el abrazo del perdón de Dios. En este Año Jubilar la Iglesia remanente se convierta en el eco de la voz de Dios que resuena «A ver si te escuchan y se convierten cada uno de su mal camino y me arrepiento del mal que por sus malas obras había determinado a hacerles»16 y el pueblo al unísono contrito y arrepentido alzara su voz diciendo «¡Perdona oh, Señor perdona a tu pueblo! Entonces el señor mostrara su amor por su tierra, y perdonara a su pueblo»17 

Dado en Pachuquilla, Mineral de la Reforma Hgo. a 13 de julio Año del Señor 2020 Fiesta de San Anacleto, Papa y Mártir 

Ilmo. Mons. Dom. Fray Diego del Divino Niño Jesús FSSCJM 

Por la gracia de Dios, Obispo Primado de la Congregación de los Siervos Reparadores del Divino Corazón 

Bibliografía 

1 San Lucas 5,20
2 Éxodo 34,6
3 Efesios 1,7
4 San Lucas 6,23-36
5 San Mateo 6,12
6 San Lucas 15,20
7 San Lucas 23,34
8 San Lucas 15,24
9 San Juan 8,10-11
10 San Juan 8,11
11 San Lucas 23,35-43
12 San Juan 14,27
13 San Lucas 6,37
14 San Lucas 4,18
15 Apocalipsis 7,4
16 Jeremías 18,8
17 Joel 2,17-18 

One Comment on “Mensaje Episcopal de Convocación del Jubileo Extraordinario, Año Santo del perdón

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hugo martinez zavala
2020-07-15 at 6:22 pm

Gracias Dios los bendiga.

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