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LA ORACION DEL SANTO ROSARIO

Para poder llegar al corazón de esta maravillosa oración, primeramente vamos a expresar algunos conceptos: 

¿Qué es la oración?

2559 “La oración es la elevación del alma a Dios o la petición a Dios de bienes convenientes” (San Juan Damasceno, Expositio fidei, 68 [De fide orthodoxa 3, 24]). ¿Desde dónde hablamos cuando oramos? ¿Desde la altura de nuestro orgullo y de nuestra propia voluntad, o desde “lo más profundo” (Sal 130, 1) de un corazón humilde y contrito? El que se humilla es ensalzado (cf Lc 18, 9-14). La humildad es la base de la oración. “Nosotros no sabemos pedir como conviene” (Rm 8, 26). La humildad es una disposición necesaria para recibir gratuitamente el don de la oración: el hombre es un mendigo de Dios (San Agustín, Sermo 56, 6, 9). (Catecismo de la Iglesia católica 2559).

¿De dónde debe viene la oración, son solo palabras o pensamientos?

2562 Cualquiera que sea el lenguaje de la oración (gestos y palabras), el que ora es todo el hombre. Sin embargo, para designar el lugar de donde brota la oración, las sagradas Escrituras hablan a veces del alma o del espíritu, y con más frecuencia del corazón (más de mil veces). Es el corazón el que ora. Si este está alejado de Dios, la expresión de la oración es vana. (Catecismo de la Iglesia Católica 2562).

La oración de los infantes

Todos hemos tenido la experiencia de escuchar o ver orar a un niño. Normalmente se les enseñan algunas oraciones sencillas y al repetirlas observamos como de un modo natural reconocen a Dios y se conectan con Él, es la razón fundamental por la que El Señor debe ser parte de la familia y se les debe enseñar a los niños, que todo lo tenemos recibimos y vivimos por su Providencia, el amor de Dios a nosotros y enseñarles a desarrollar un amor, amistad y temor de Dios. Aquí hay una enseñanza fundamental Dios está en nosotros y nosotros en Él como dijo Nuestro Señor Jesucristo:

 

10 ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras. 11 Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras.(Jn 14: 10-11)

 

Y luego agrega algo aún más misterioso:

 

19 Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero vosotros si me veréis, porque yo vivo y también vosotros viviréis. 20 Aquel día comprenderéis que yo estoy en mi Padre y vosotros en mí y yo en vosotros. 21 El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él.» (Jn 14: 19-21)

 

Pero el Señor dice que amará y se manifestará a quien cumpla sus mandamientos, porque muestra que lo ama.

 

El Señor no se cansa de llamarnos

¿Entonces qué pasa con todos aquellos de nosotros que aún no hemos aprendido a amar al Señor?: Él nos llama porque quiere que todos se salven y lleguemos a conocer la verdad: Jesucristo es La verdad el camino y la vida.

 

4 que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad. 5 Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también, 6 que se entregó a sí mismo como rescate por todos. Este es el testimonio dado en el tiempo oportuno (1a Ti 2:4-6)

 

6 Le dice Jesús: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí”. (Jn 14:6)

¿Cómo nos llama El Señor?

De muchas maneras y muchas veces y ello dependerá que tan lejos o cerca nos encontremos de Él. La historia de la conversión de cada una de las personas ya es en sí una manifestación de la diversidad e insistencia de ese llamado. Sabiendo que la conversión es esa permanente atención a los llamados de Dios que se manifiestan por gustar las “cosas” de Dios y nos llevan cada vez más plenamente a su lado. No debemos nunca olvidar que hay quien se opondrá siempre a que podamos responder a ese llamado y este alguien es el Demonio, por fortuna todos tenemos un Ángel de la Guarda, que justamente vela por nosotros y en los bautizados el influjo del Espíritu Santo que siempre clama Abba (Padre) es decir nos induce a Dios. ¿Cómo se manifiesta esta oposición?; de 3 maneras, son los grandes enemigos de las almas: Mundo, Demonio y Carne todos impulsados bajo el influjo del Demonio.

Los enemigos del alma y la oración

  • Mundo: Esto es a lo que llamamos secularismo, es decir, obrar de acuerdo a las costumbres, modas o ideas de la gente sin fe, sin moral y sin Dios, organizando la vida como si Él no existiera dándole importancia solamente a lo que le guste a nuestro cuerpo, al orgullo, o a la avaricia.
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  • Demonio: El demonio es un ángel creado por Dios en el cielo, que por haberse rebelado contra el mismo Dios, le precipitó en los infiernos con otros muchos compañeros de su maldad, que llamamos demonios. El Diablo acosa, acusa, tienta, engaña y miente en su lucha contra el cristiano. Él trabaja a través de sus aliados, el mundo y la carne. El Diablo usa el mundo y la carne para causar el mayor engaño y daño al pueblo de Dios, para entorpecer el progreso de lo correcto, para acobardar a los cristianos, parar la proclamación del evangelio y debilitar la ofensiva del cristiano para favorecer el Reino de Dios.
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  • Carne: Dios colocó cierto placer en las cosas para el disfrute de los seres humanos, como placer el comer para no morir de hambre, en el dormir para que el cuerpo descanse, y placer en el sexo, para que podamos procrear. El placer es solamente un estímulo, no es el fin, el problema está en que perseguimos ese estímulo en las cosas y no el fin. Ninguna de estas cosas es mala porque provienen de Dios, pero ciertamente las debemos usar de acuerdo a sus preceptos. Comer sin excesos, dormir sin caer en la pereza, disfrutar el sexo dentro del matrimonio, que da cabida a la procreación, etc. Para no caer en la tentación la Iglesia nos recomienda confesarnos, comulgar, asistir a la Santa Misa, evitar las ocasiones de pecar, evitar las amistades peligrosas, pensar en el 
  • Juicio y la Eternidad que nos esperan, y hacer sacrificios. 

 

Volviendo a los llamados del Señor, encontramos como habíamos dicho una enorme variedad así como la hay en las conversiones. Hay quien se convierte por amor a los hijos, a los padres a nuestra esposa(o), por asistir a un encuentro carismático, por gratitud, por recuperar la salud, por una pérdida material, amorosa, por la muerte de un ser querido, por una predicación, etc.

Pero mientras más lejos estamos de Dios, las llamadas son cada vez más intensas o a veces extraordinarias.

El sufrimiento la gran medicina de Dios

11 No desdeñes, hijo mío, la instrucción de Yahveh, no te dé fastidio su reprensión, 12 porque Yahveh reprende a aquel que ama, como un padre al hijo querido. 13 Dichoso el hombre que ha encontrado la sabiduría y el hombre que alcanza la prudencia; (Pr 3:11-13)

 

Es precisamente en el sufrimiento, cuando nuestros esfuerzos, nuestras rebeldías, nuestra soberbia, nuestros conocimientos, fortuna o relaciones personales no nos dan una solución y en nuestra desesperación solemos levantar la mirada al Cielo, a veces con reclamos, con desesperación, con angustia, no nos sentimos merecedores de tales sufrimientos, volteamos con bajeza y envidia a mirar a otros mejores o peores que nosotros y reclamamos; ¿Por qué a mí? ¿Porque a Él (Ella) no le pasa nada? si es tan malo(a) o porque es tan bueno(a) y nos llenamos de envidia espiritual.

 

Nuestros pecados, mentiras y faltas en general, no nos parecen tan grandes para un sufrimiento tan intenso. Por misericordia de Dios estamos en esa situación y si aún nos queda un rescoldo de integridad, honradez, humildad, Dios nos proveerá con las fuerzas necesarias para salir de los problemas y el sufrimiento, aunque la mayoría de las veces, no del modo que esperamos o quisiéramos, pero esa es la medicina de Dios que debemos tomar para enderezar nuestro camino y ponernos en vías de conversión y de salvación. Este es el verdadero sentido del sufrimiento Cristiano, aunque debemos reconocer que hay almas víctimas que sufren mucho por la salvación de otros. El ejemplo perfecto es Nuestro Señor Jesucristo.

 

Ese levantar la mirada al cielo, es oración y nunca como en el sufrimiento es tan sincera y salida del corazón, no importa cómo se esté expresando; con rencor, con dolor con odio, con humildad, con soberbia, etc.

 

Ese levantar la mirada al cielo, es oración y nunca como en el sufrimiento es tan sincera y salida del corazón, no importa cómo se esté expresando; con rencor, con dolor con odio, con humildad, con soberbia, etc.

 

Pues éste es el verdadero principio de la oración: la humildad y la sinceridad, ahora ésta lección no siempre se debe aprender a golpes y porrazos y ese es el sentido de la obediencia a Dios que nos va llevando a obedecerlo como ya vimos antes y entonces. Él nos amará más y se manifestará a nosotros y empezaremos a sentir la dulzura de su voz en nuestro interior y nos llenaremos de gozo, de amor por el prójimo y cada vez más nos fortaleceremos para vencer nuestros pecados y nuestros vicios, esto sin duda requiere esfuerzo y muchas veces ayuda, ahí obra la humildad, Dios nos hace sentir necesitados de Él y de otros y a aceptar la ayuda que se nos brinda. 

 

Hay muchas clases de oración: 

Se pueden expresar vocalmente o con el pensamiento: 

  • De bendición 
  • De petición 
  • De intercesión 
  • De fortaleza 
  • De súplica 
  • De agradecimiento 
  • De ayuda 
  • De auxilio 
  • De Arrepentimiento 
  • De alabanza 
  • De gracias, 
  • etc. 
 
La variedad es tan grande como la necesidad del corazón humano. 
 
¿Cómo debo orar? Es una pregunta muy frecuente que tiene una respuesta sencilla de Nuestro Señor Jesucristo: 
 
1 Y sucedió que, estando él orando en cierto lugar, cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: «Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos.» 2 Él les dijo: «Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino, 3 danos cada día nuestro pan cotidiano, 4 y perdónanos nuestros pecados porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en tentación.» 5 Les dijo también: «Si uno de vosotros tiene un amigo y, acudiendo a él a medianoche, le dice: “Amigo, préstame tres panes, 6 porque ha llegado de viaje a mi casa un amigo mío y no tengo qué ofrecerle”, 7 y aquél, desde dentro, le responde: “No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados; no puedo levantarme a dártelos”, 8 os aseguro, que si no se levanta a dárselos por ser su amigo, al menos se levantará por su importunidad, y le dará cuanto necesite.» 9 Yo os digo: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. 10 Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. 11 ¿Qué padre hay entre vosotros que, si su hijo le pide un pez, en lugar de un pez le da una culebra; 12 o, si pide un huevo, le da un escorpión? 13 Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!» (Lc 11:1-13) 
 
La oración debe ser sencilla: El Padre Nuestro es la oración de oraciones. Contiene una alabanza a Dios, una petición de que su reino venga a nosotros, que nos dé el pan de cada día (lo que necesitamos para vivir y en donde vivir), que nos perdone en la medida en que perdonamos y que no nos abata la tentación que la insidia del Enemigo pone a nuestro alcance y nos de fortaleza para resistirla. 
 
La oración debe ser perseverante 9 Yo os digo: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. 
 
La oración debe ser confiada 11 ¿Qué padre hay entre vosotros que, si su hijo le pide un pez, en lugar de un pez le da una culebra; 12 o, si pide un huevo, le da un escorpión? 13 Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan! 
 
En otra parte del evangelio nuestro Señor nos enseña otra característica de la oración: 
 
3 Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; 4 así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 5 «Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. 6 Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 7 Y al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. 8 No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo. 9 «Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; 10 venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. 11 Nuestro pan cotidiano dánosle hoy; 12 y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; 13 y no nos dejes caer en tentación, más líbranos del mal. 14 «Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; 15 pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas. 16 «Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. 17 Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, 18 para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. (Mt 6: 3-18) 
 
La oración debe ser sincera y de corazón 6 Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 

 

No le podemos esconder nada, Él está en lo secreto, por eso debemos ser sinceros y orar de corazón. 

 
La oración debe estar exenta de palabrerías inútiles 5 «Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. 7 Y al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. 
 
Y todavía en otra parte del Evangelio Nuestro Señor nos enseña aún más sobre la oración 
 
10 «Dos hombres subieron al templo a orar; uno fariseo, otro publicano. 11 El fariseo, de pie, oraba en su interior de esta manera: “¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano. 12 Ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias.” 13 En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: “¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!” 14 Os digo que éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.»(Lc 18: 11-14) 

 

La oración debe ser humilde porque nos dirigimos a Dios, quien es la humildad por excelencia 

 
25 Y cuando os pongáis de pie para orar, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre, que está en los cielos, os perdone vuestras ofensas.»(Mc 11:25) 
 
La oración debe predisponer al perdón 
 
Resumiendo, ¿Cómo debe ser la oración? 
• La oración debe ser sencilla 
• La oración debe ser perseverante 
• La oración debe ser confiada 
• La oración debe ser sincera y de corazón 
• La oración debe estar exenta de palabrerías inútiles 
• La oración debe ser humilde 
• La oración debe predisponer al perdón 
 
Cómo oró Jesús y escogió sus Apóstoles 12 Sucedió que por aquellos días se fue él al monte a orar, y se pasó la noche en la oración de Dios. 13 Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles. Una oración perseverante, toda la noche, que dio su fruto eligió a sus Apóstoles. 
 
Cómo oró Jesús en Getsemaní 39 Y adelantándose un poco, cayó rostro en tierra, y suplicaba así: «Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa, pero no sea como yo quiero, sino como quieras tú.» 
 
40 Viene entonces donde los discípulos y los encuentra dormidos; y dice a Pedro: « ¿Conque no habéis podido velar una hora conmigo? 41 Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil.» 42 Y alejándose de nuevo, por segunda vez oró así: «Padre mío, si esta copa no puede pasar sin que yo la beba, hágase tu voluntad.» 43 Volvió otra vez y los encontró dormidos, pues sus ojos estaban cargados. 44 Los dejó y se fue a orar por tercera vez, repitiendo las mismas palabras. 
 
Una oración sencilla y perseverante.
 
Como oró Jesús en el Calvario 34 Jesús decía: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen.» Se repartieron sus vestidos, echando a suertes. ( Lc 23:34) 46 Y alrededor de la hora nona clamó Jesús con fuerte voz: « ¡Elí, Elí! ¿Lemá sabactaní?», esto es: « ¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?»(Mt 27: 46) 
 
Una oración sencilla recluida en su interior, sin palabrería, dispuesta al perdón. 
Ya que estamos hablando de oración, veamos algunas oraciones en la Biblia que son magistrales:
 
 

Oraciones magistrales de La Biblia

Oración de la Santísima Virgen María 46 Y dijo María: «Engrandece mi alma al Señor 47 y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador 48 porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, 49 porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre 50 y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. 51 Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. 52 Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. 53 A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. 54 Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia 55 —como había anunciado a nuestros padres— en favor de Abraham y de su linaje por los siglos.»(Lc 1:46-55) 

 
Una oración de gratitud, alabanza, sincera de corazón, humilde sin palabrería 
 
Oración de Mardoqueo: 17-a Mardoqueo oró al Señor, acordándose de todas sus maravillas, y exclamó: 17-b « ¡Señor, Señor, Rey Omnipotente! Todo está sometido a tu poder, y no hay quien pueda resistir tu voluntad si has decidido salvar a Israel. 17-c Tú hiciste el cielo y la tierra y cuantas maravillas existen bajo el cielo. Eres Señor de todo, y nadie puede oponerse a ti, Señor. 17-d Tú lo conoces todo, tú sabes, Señor, que no por insolencia, orgullo o pundonor, hice yo esto de rehusar inclinarme ante el orgulloso Amán, pues gustoso besaría las plantas de sus pies por la salvación de Israel. 17-e Pero yo lo hice por no rendir a un hombre gloria por encima de la gloria de Dios; no me postraré ante nadie, sino ante ti solo, Señor; y no dicta el orgullo mi conducta. 17-f Ahora, pues, Señor, Dios, Rey, Dios de Abraham, perdona a tu pueblo, porque andan mirando cómo destruirnos y han deseado exterminar la heredad que fue tuya desde siempre. 17-g No desprecies tu parte, la que rescataste para ti del país de Egipto. 17-h Escucha mi oración, muéstrate propicio a tu heredad; convierte nuestro duelo en alegría, para que, viviendo, cantemos himnos a tu Nombre, Señor. No tapes la boca de los que te alaban.» 17-i Todo Israel clamaba con todas sus fuerzas, pues tenían la muerte ante los ojos. (Est 4: 17a-17i) 
 
Una oración de intercesión por demás sincera, llena de confianza.

 

Oración de la Reina Ester ante el peligro de la aniquilación del pueblo de Israel 17-k Por su parte, la reina Ester se refugió en el Señor, presa de mortal angustia. Despojándose de sus magníficos vestidos, se vistió de angustia y duelo. En vez de exquisitos perfumes, echó sobre su cabeza ceniza y suciedad, humilló su cuerpo hasta el extremo, encubrió, con sus desordenados cabellos la gozosa belleza de su cuerpo, y suplicó al Señor, Dios de Israel, diciendo: 

 
17-l «Mi Señor y Dios nuestro, tú eres único. Ven en mi socorro, que estoy sola y no tengo socorro sino en ti, y mi vida está en peligro. 
 
17-m Yo oí desde mi infancia, en mi tribu paterna, que tú, Señor, elegiste a Israel de entre todos los pueblos, y a nuestros padres de entre todos sus mayores para ser herencia tuya para siempre cumpliendo en su favor cuanto dijiste. 
 
17-n Ahora hemos pecado en tu presencia y nos has entregado a nuestros enemigos porque hemos honrado a sus dioses. ¡Justo eres, Señor! 17-o Más no se han contentado con nuestra amarga esclavitud, sino que han puesto sus manos en las manos de sus ídolos para borrar el decreto de tu boca y destruir tu heredad; para cerrar las bocas que te alaban y apagar la gloria de tu Casa y de tu altar; 17-p para abrir las bocas de las gentes en alabanza de sus dioses y admirar eternamente a un rey de carne. 17-q No entregues, Señor, tu cetro a los que son nada; que no se regocijen por nuestra caída, más vuelve en contra de ellos sus deseos, y el primero que se alzó contra nosotros has que sirva de escarmiento. 17-r Acuérdate, Señor, y date a conocer en el día de nuestra aflicción; y dame a mí valor, rey de los dioses y señor de toda autoridad. 17-s Pon en mis labios palabras armoniosas cuando esté en presencia del león; vuelve el odio de su corazón contra el que nos combate para ruina suya y de los que piensan como él. 17-t Líbranos con tus manos y acude en mi socorro, que estoy sola, y a nadie tengo, sino a ti, Señor. 17-u Tú que conoces todas las cosas, sabes que odio la gloria de los malos, que aborrezco el lecho incircunciso y el de todo extranjero. 
 

17-v Tú sabes bien la necesidad en que me hallo, que me asquean los emblemas de grandeza que ciñen mi frente los días de gala como asquea el paño menstrual, y que no me los pongo en días de retiro. 17-x Que tu sierva no ha comido a la mesa de Amán, que no he tenido a honra los regios festines, ni bebido el vino de las libaciones. 17-y Que no tuvo tu sierva instante de alegría, desde su encumbramiento hasta el día de hoy, sino sólo en ti, Señor y Dios de Abraham. 17-z Oh Dios, que dominas a todos, oye el clamor de los desesperados, líbranos del poder de los malvados y líbrame a mí de mi temor. (Est 4: 17k-17z) 

 

Una oración en medio de la desesperación, pero confiada sincera y de todo corazón, para pedir sabiduría. 

 
Oración de Salomón 5 En Gabaón Yahveh se apareció a Salomón en sueños por la noche. Dijo Dios: «Pídeme lo que quieras que te dé.» 
 
6 Salomón dijo: «Tú has tenido gran amor a tu siervo David mi padre, porque él ha caminado en tu presencia con fidelidad, con justicia y rectitud de corazón contigo. Tú le has conservado este gran amor y le has concedido que hoy se siente en su trono un hijo suyo. 7 Ahora Yahveh mi Dios, tú has hecho rey a tu siervo en lugar de David mi padre, pero yo soy un niño pequeño que no sabe salir ni entrar. 8 Tu siervo está en medio del pueblo que has elegido, pueblo numeroso que no se puede contar ni numerar por su muchedumbre. 9 Concede, pues, a tu siervo, un corazón que entienda para juzgar a tu pueblo, para discernir entre el bien y el mal, pues ¿quién será capaz de juzgar a este pueblo tuyo tan grande?» 
 
10 Plugó a los ojos del Señor esta súplica de Salomón, 11 y le dijo Dios: «Porque has pedido esto y, en vez de pedir para ti larga vida, riquezas, o la muerte de tus enemigos, has pedido discernimiento para saber juzgar, 12 cumplo tu ruego y te doy un corazón sabio e inteligente como no lo hubo antes de ti ni lo habrá después. 13 También te concedo lo que no has pedido, riquezas y gloria, como no tuvo nadie entre los reyes. 14 Si andas por mis caminos, guardando mis preceptos y mis mandamientos, como anduvo David tu padre, yo prolongaré tus días.» (1Re 3: 5-14) Una oración llena de sinceridad, de corazón, humilde, sin palabras inútiles. 

 

Oración de David Vs Goliat 

 

45 Dijo David al filisteo: «Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina, pero yo voy contra ti en nombre de Yahveh Sebaot, Dios de los ejércitos de Israel, a los que has desafiado. 46 Hoy mismo te entrega Yahveh en mis manos, te mataré y te cortaré la cabeza y entregaré hoy mismo tu cadáver y los cadáveres del ejército filisteo a las aves del cielo y a las fieras de la tierra, y sabrá toda la tierra que hay Dios para Israel. 47 Y toda esta asamblea sabrá que no por la espada ni por la lanza salva Yahveh, porque de Yahveh es el combate y os entrega en nuestras manos.» (1S 17: 45-47) 

 

Una oración llena de confianza ante el peligro de muerte. 

 
Nuestro Señor nos advierte: 1 En aquel mismo momento llegaron algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios. 2 Les respondió Jesús: « ¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas? 3 No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo. (LC 13:1-3) 
 
41 Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil.» (Mt 26:41) 
 
Debemos convertirnos, para salvarnos y velar y orar para no caer en tentación. Esa es la importancia de la oración

El Santo Rosario

La Virgen Santísima le revela el Rosario a Santo Domingo de Guzmán

 

La Madre de Dios, en una aparición a Santo Domingo le enseño a rezar el rosario, La Virgen se le apareció en la capilla. En su mano sostenía un rosario y le enseñó a Domingo a recitarlo. Dijo que lo predicara por todo el mundo, prometiéndole que muchos pecadores se convertirían y obtendrían abundantes gracias. 

 

Un creciente número de hombres se unió a la obra apostólica de Domingo y, con la aprobación del Santo Padre, Domingo formó la Orden de Predicadores (más conocidos como Dominicos). Con gran celo predicaban, enseñaban y los frutos de conversión crecían. A medida que la orden crecía, se extendieron a diferentes países como misioneros para la gloria de Dios y de la Virgen. 

 

El rosario se mantuvo como la oración predilecta durante casi dos siglos. Cuando la devoción empezó a disminuir, la Virgen se apareció a Alano de la Rupe y le dijo que reviviera dicha devoción. La Virgen le dijo también que se necesitarían volúmenes inmensos para registrar todos los milagros logrados por medio del rosario y reiteró las promesas dadas a Sto. Domingo referentes al rosario. 

 

Promesas de Nuestra Señora del Rosario, según los escritos del Beato Alano. 

 

1. Quien rece constantemente mi Rosario, recibirá cualquier gracia que me pida. 

2. Prometo mi especialísima protección y grandes beneficios a los que devotamente recen mi Rosario. 

3. El Rosario es el escudo contra el infierno, destruye el vicio, libra de los pecados y abate las herejías. 

4. El Rosario hace germinar las virtudes para que las almas consigan la misericordia divina. Sustituye en el corazón de los hombres el amor del mundo con el amor de Dios y los eleva a desear las cosas celestiales y eternas. 

5. El alma que se me encomiende por el Rosario no perecerá. 

6. El que con devoción rece mi Rosario, considerando sus sagrados misterios, no se verá oprimido por la desgracia, ni morirá de muerte desgraciada, se convertirá si es pecador, perseverará en gracia si es justo y, en todo caso será admitido a la vida eterna. 

7. Los verdaderos devotos de mi Rosario no morirán sin los Sacramentos. 

8. Todos los que rezan mi Rosario tendrán en vida y en muerte la luz y la plenitud de la gracia y serán partícipes de los méritos bienaventurados. 

9. Libraré bien pronto del Purgatorio a las almas devotas a mi Rosario. 

10. Los hijos de mi Rosario gozarán en el cielo de una gloria singular. 

11. Todo cuanto se pida por medio del Rosario se alcanzará prontamente. 

12. Socorreré en sus necesidades a los que propaguen mi Rosario. 

13. He solicitado a mi Hijo la gracia de que todos los cofrades y devotos tengan en vida y en muerte como hermanos a todos los bienaventurados de la corte celestial. 

14. Los que rezan Rosario son todos hijos míos muy amados y hermanos de mi Unigénito Jesús. 15. La devoción al Santo rosario es una señal manifiesta de predestinación de gloria.

 

Bula San Pio V (1569) 

 

Sobre El Rosario En 1569 el Papa san Pío V, en la bula Consueverunt Romani Pontifices, estableció la forma y estructura del rosario con estas palabras: “El rosario o salterio de la bienaventurada Virgen María es un modo piadosísimo de oración y petición a Dios, modo fácil al alcance de todos, que consiste en alabar a la santísima Virgen repitiendo el saludo angélico ciento cincuenta veces, tantas cuantas son los salmos del salterio de David, interponiendo entre cada decena la oración del Señor con determinadas meditaciones que ilustran toda la vida de nuestro Señor Jesucristo”. Después de esta definición del Magisterio, el rosario comenzó a rezarse de modo uniforme y experimentó una gran difusión en el pueblo cristiano. 

 

El Rosario consiste en una serie de 150 Ave Maria intercaladas cada 10 por un Padre Nuestro y se dividen en 5 decenas para meditar los misterios Gozosos, 5 decenas para meditar los misterios Dolorosos y 5 decenas para meditar los misterios Dolorosos, de acuerdo como La Virgen Santísima se lo enseñó a Santo Domingo de Guzmán:

 

Misterios Gozosos: 

La Anunciación del Ángel a María 

La Visitación de María a su prima Isabel 

El nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo 

La presentación en el templo de Nuestro señor Jesucristo 

El niño Jesús perdido y hallado en el templo 

 

Misterios Dolorosos: 

La oración del Huerto de Getsemaní 

La flagelación de Nuestro Señor Jesucristo 

La coronación de espinas de Nuestro Señor Jesucristo 

La cruz a cuestas

La crucifixión de Nuestro Señor Jesucristo 

 

Misterios Gloriosos: 

La resurrección de Nuestro Señor Jesucristo 

La ascensión de Nuestro Señor Jesucristo 

La venida del Espíritu Santo 

La asunción de la Virgen María 

La coronación de la Virgen María 

 

Juan Pablo II Carta Rosarium Virginis Mariae 

 
Más tarde, el Papa san Juan Pablo II, en su carta apostólica Rosarium Virginis Mariae (2002), añadió cinco nuevos misterios que llevan el nombre de “luminosos”, sobre los cuales da elección de rezarlos o no. 
 
De la cual destacamos las cosas más importantes: 
 
“Hay quien piensa que la centralidad de la Liturgia, acertadamente subrayada por el Concilio Ecuménico Vaticano II, tenga necesariamente como consecuencia una disminución de la importancia del Rosario. En realidad, como puntualizó Pablo VI, esta oración no sólo no se opone a la Liturgia, sino que le da soporte, ya que la introduce y la recuerda, ayudando a vivirla con plena participación interior, recogiendo así sus frutos en la vida cotidiana. 
 
Quizás hay también quien teme que pueda resultar poco ecuménica por su carácter marcadamente Mariano. En realidad, se coloca en el más límpido horizonte del culto a la Madre de Dios, tal como el Concilio ha establecido: un culto orientado al centro cristológico de la fe cristiana, de modo que «mientras es honrada la Madre, el Hijo sea debidamente conocido, amado, glorificado». 
 
La práctica del Rosario es reconocida por ser un medio sumamente válido para favorecer en los fieles la exigencia de contemplación del misterio cristiano, que he propuesto en la Carta Apostólica Novo Millennio Ineunte.

 

Son conocidas las distintas circunstancias en las que la Madre de Cristo, entre el siglo XIX y XX, han hecho de algún modo notar su presencia y su voz para exhortar al Pueblo de Dios a recurrir a esta forma de oración contemplativa. Deseo en particular recordar, por la incisiva influencia que conservan en la vida de los cristianos y por el acreditado reconocimiento recibido de la Iglesia, las apariciones de Lourdes y Fátima, cuyos Santuarios son meta de numerosos peregrinos, en busca de consuelo y de esperanza. 

12. El Rosario, precisamente a partir de la experiencia de María, es una oración marcadamente contemplativa. Sin esta dimensión, se desnaturalizaría, como subrayó Pablo VI: 
 
«Sin contemplación, el Rosario es un cuerpo sin alma y su rezo corre el peligro de convertirse en mecánica repetición de fórmulas y de contradecir la advertencia de Jesús: “Cuando oréis, no seáis charlatanes como los paganos, que creen ser escuchados en virtud de su locuacidad” (Mt 6, 7). Por su naturaleza el rezo del Rosario exige un ritmo tranquilo y un reflexivo remanso, que favorezca en quien ora la meditación de los misterios de la vida del Señor, vistos a través del corazón de Aquella que estuvo más cerca del Señor, y que desvelen su insondable riqueza». Al meditar los Misterios del Rosario, y formando juntos una misma vida de comunión, podemos llegar a ser, en la medida de nuestra pequeñez, parecidos a ellos, y aprender de estos eminentes ejemplos el vivir humilde, pobre, escondido, paciente y perfecto». Además, mediante este proceso de configuración con Cristo, en el Rosario nos encomendamos en particular a la acción materna de la Virgen Santa. Ella, que es la madre de Cristo y a la vez miembro de la Iglesia como «miembro supereminente y completamente singular”, es al mismo tiempo ‘Madre de la Iglesia’. Como tal ‘engendra’ continuamente hijos para el Cuerpo místico del Hijo. Lo hace mediante su intercesión, implorando para ellos la efusión inagotable del Espíritu. Ella es el icono perfecto de la maternidad de la Iglesia. 
 
El Rosario nos transporta místicamente junto a María, dedicada a seguir el crecimiento humano de Cristo en la casa de Nazaret. Eso le permite educarnos y modelarnos con la misma diligencia, hasta que Cristo «sea formado» plenamente en nosotros (cf. Ga 4, 19) . Esta acción de María, basada totalmente en la de Cristo y subordinada radicalmente a ella, «favorece, y de ninguna manera impide, la unión inmediata de los creyentes con Cristo». Es el principio iluminador expresado por el Concilio Vaticano II, que tan intensamente he experimentado en mi vida, haciendo de él la base de mi lema episcopal: Totus tuus. Un lema, como es sabido, inspirado en la doctrina de san Luis María Griñon de Montfort, que explicó así el papel de María en el proceso de configuración de cada uno de nosotros con Cristo: «Como quiera que toda nuestra perfección consiste en el ser conformes, unidos y consagrados a Jesucristo, la más perfecta de la devociones es, sin duda alguna, la que nos conforma, nos une y nos consagra lo más perfectamente posible a Jesucristo. Ahora bien, siendo María, de todas las criaturas, la más conforme a Jesucristo, se sigue que, de todas las devociones, la que más consagra y conforma un alma a Jesucristo es la devoción a María, su Santísima Madre, y que cuanto más consagrada esté un alma a la Santísima Virgen, tanto más lo estará a Jesucristo». De verdad, en el Rosario el camino de Cristo y el de María se encuentran profundamente unidos. ¡María no vive más que en Cristo y en función de Cristo! No obstante, para resaltar el carácter cristológico del Rosario, considero oportuna una incorporación que, si bien se deja a la libre consideración de los individuos y de la comunidad, les permita contemplar también los misterios de la vida pública de Cristo desde el Bautismo a la Pasión. En efecto, en estos misterios contemplamos aspectos importantes de la persona de Cristo como revelador definitivo de Dios. Él es quien, declarado Hijo predilecto del Padre en el Bautismo en el Jordán, anuncia la llegada del Reino, dando testimonio de él con sus obras y proclamando sus exigencias. Durante la vida pública es cuando el misterio de Cristo se manifiesta de manera especial como misterio de luz: «Mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo» (Jn 9, 5). Para que pueda decirse que el Rosario es más plenamente ‘compendio del Evangelio’, es conveniente pues que, tras haber recordado la encarnación y la vida oculta de Cristo (misterios de gozo), y antes de considerar los sufrimientos de la pasión (misterios de dolor) y el triunfo de la resurrección (misterios de gloria), la meditación se centre también en algunos momentos particularmente significativos de la vida pública (misterios de luz). Esta incorporación de nuevos misterios, sin prejuzgar ningún aspecto esencial de la estructura tradicional de esta oración, se orienta a hacerla vivir con renovado interés en la espiritualidad cristiana, como verdadera introducción a la profundidad del Corazón de Cristo, abismo de gozo y de luz, de dolor y de gloria. 

Misterios de luz

Pasando de la infancia y de la vida de Nazaret a la vida pública de Jesús, la contemplación nos lleva a los misterios que se pueden llamar de manera especial «misterios de luz». En realidad, todo el misterio de Cristo es luz. Él es «la luz del mundo» (Jn 8, 12). Pero esta dimensión se manifiesta sobre todo en los años de la vida pública, cuando anuncia el evangelio del Reino. Deseando indicar a la comunidad cristiana cinco momentos significativos –misterios «luminosos»– de esta fase de la vida de Cristo, pienso que se pueden señalar: 

1. Su Bautismo en el Jordán.

2. Su autor revelación en las bodas de Caná.

3. Su anuncio del Reino de Dios invitando a la conversión.

4. Su Transfiguración.

5. Institución de la Eucaristía, expresión sacramental del misterio pascual. 

 

El enunciado del misterio 29. Enunciar el misterio, y tener tal vez la oportunidad de contemplar al mismo tiempo una imagen que lo represente, es como abrir un escenario en el cual concentrar la atención. Las palabras conducen la imaginación y el espíritu a aquel determinado episodio o momento de la vida de Cristo. La escucha de la Palabra de Dios. 30. Para dar fundamento bíblico y mayor profundidad a la meditación, es útil que al enunciado del misterio siga la proclamación del pasaje bíblico correspondiente, que puede ser más o menos largo según las circunstancias. En efecto, otras palabras nunca tienen la eficacia de la palabra inspirada. Ésta debe ser escuchada con la certeza de que es Palabra de Dios, pronunciada para hoy y «para mí». El silencio 31. La escucha y la meditación se alimentan del silencio. Es conveniente que, después de enunciar el misterio y proclamar la Palabra, esperemos unos momentos antes de iniciar la oración vocal, para fijar la atención sobre el misterio meditado. El «Padrenuestro» 32. Después de haber escuchado la Palabra y centrado la atención en el misterio, es natural que el ánimo se eleve hacia el Padre. Jesús, en cada uno de sus misterios, nos lleva siempre al Padre, al quien Él se dirige continuamente, porque descansa en su ‘seno’ (cf Jn 1, 18). Él nos quiere introducir en la intimidad del Padre para que digamos con Él: «¡Abbá, Padre!» (Rm 8, 15; Ga 4, 6). Las diez «Ave Maria» La primera parte del Ave Maria, tomada de las palabras dirigidas a María por el ángel Gabriel y por santa Isabel, es contemplación adorante del misterio que se realiza en la Virgen de Nazaret. El centro del Ave Maria, casi como engarce entre la primera y la segunda parte, es el nombre de Jesús. A veces, en el rezo apresurado, no se percibe este aspecto central y tampoco la relación con el misterio de Cristo que se está contemplando. Pero es precisamente el relieve que se da al nombre de Jesús y a su misterio lo que caracteriza una recitación consciente y fructuosa del Rosario. El gloria En la medida en que la meditación del misterio haya sido atenta, profunda, fortalecida –de Ave en Ave – por el amor a Cristo y a María, la glorificación trinitaria en cada decena, en vez de reducirse a una rápida conclusión, adquiere su justo tono contemplativo, como para levantar el espíritu a la altura del Paraíso y hacer revivir, de algún modo, la experiencia del Tabor, anticipación de la contemplación futura: «Bueno es estarnos aquí» (Lc 9, 33). Inicio y conclusión 37. En la práctica corriente, hay varios modos de comenzar el Rosario, según los diversos contextos eclesiales. En algunas regiones se suele iniciar con la invocación del Salmo 69: «Dios mío ven en mi auxilio, Señor date prisa en socorrerme», como para alimentar en el orante la humilde conciencia de su propia indigencia; en otras, se comienza recitando el Credo, como haciendo de la profesión de fe el fundamento del camino contemplativo que se emprende. Éstos y otros modos similares, en la medida que disponen el ánimo para la contemplación, son usos igualmente legítimos. La plegaria se concluye rezando por las intenciones del Papa, para elevar la mirada de quien reza hacia el vasto horizonte de las necesidades eclesiales. Precisamente para fomentar esta proyección eclesial del Rosario, la Iglesia ha querido enriquecerlo con santas indulgencias para quien lo recita con las debidas disposiciones.

 

Después de estos apuntes, de la CARTA APOSTÓLICA ROSARIUM VIRGINIS MARIAE DEL SUMO PONTÍFICE JUAN PABLO II podemos hacer notar lo siguiente: 

El Rosario es una oración revelada

 

y por demás aprobada por La Iglesia, como El Padre Nuestro, sin embargo para muchos ocurre la tentación de querer modificarlas, como es el último intento del “Papa” Francisco que quiere introducir en la oración final de padre Nuestro: “no nos dejemos caer en la tentación” en lugar de “no nos dejes caer en tentación”. Esto resulta inaceptable es como querer corregirle la plana a Dios. 

 

Pues lo mismo sucede con el Rosario, el Santo Rosario solo tiene una estructura enseñada por la Virgen Santísima con un propósito fundamental, como dice Juan pablo II; “hacernos uno con cristo” en la meditación de los misterios de su vida.

 

Otros Rosarios Así otros “Rosarios” hechos por el hombre son solo buenas intenciones, debemos ceñirnos al Rosario de María para poder alcanzar esa unión con Cristo y beneficiarnos con todas las indulgencias que se le han concedido y obtener las promesas hechas por la Santísima Virgen María. 

Adiciones de la Virgen al Rosario

Sin embargo esta oración ha tenido adiciones hechas por la propia Santísima Virgen en sus diferentes apariciones y en la carta Apostólica de Juan Pablo II estas adiciones hechas por la misma Virgen no aparecen, se trata de las oraciones de ofrecimiento y la que pidió se hiciera entre los misterios de Rosario: 

1a Adición al Santo Rosario (Ofrecimiento):

En Fátima, donde Nuestra Señora se presenta como La Señora del Rosario, el Ángel de la Paz el Ángel de Portugal, San Miguel Arcángel, enseña a los niños el ofrecimiento inicial del Santo Rosario en 1916, un año antes de las apariciones de Fátima de 1917 con la siguiente oración: 

 

Primera Aparición del Ángel: 

Al llegar junto a nosotros, dijo: – ¡No temáis! Soy el Ángel de la Paz. Rezad conmigo. Fue la primera aparición del Ángel. Y arrodillándose en tierra, dobló la frente hasta el suelo y nos hizo repetir por tres veces estas palabras: “¡Dios mío! Yo creo, adoro, espero y os amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman.” – Rezad así. Los Corazones de Jesús y de María están atentos a la voz de vuestras súplicas.

 

Segunda Aparición del Ángel: …Después que llegamos, de rodillas, con los rostros en tierra, comenzamos a repetir la oración del Ángel: ¡Dios mío! Yo creo, adoro, espero y os amo, etc. No sé cuántas veces habíamos repetido esta oración, cuando vimos que sobre nosotros brillaba una luz desconocida. Nos levantamos para ver lo que pasaba y vimos al Ángel, que tenía en la mano izquierda un Cáliz, sobre el cual había suspendida una Hostia, de la que caían unas gotas de Sangre dentro del Cáliz. El Ángel dejó suspendido en el aire el Cáliz, se arrodilló junto a nosotros, y nos hizo repetir tres veces: 

 

“Santísima Trinidad; Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo os ofrezco el preciosísimo cuerpo, sangre alma y divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los tabernáculos del mundo en reparación por las ofensas, ultrajes e indiferencias con que Él mismo es ofendido, y por lo méritos infinitos de su Santísimo Corazón y la intercesión del Inmaculado Corazón de María os pido la conversión de nosotros pobres pecadores” Y después repitió 3 veces la oración que ya antes nos había enseñado “¡Dios mío! Yo creo, adoro, espero y os amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman.” 


Después se levanta, toma en sus manos el Cáliz y la Hostia. Me da la Sagrada Hostia a mí (relata Lucía) y la Sangre del Cáliz la divide entre Jacinta y Francisco, diciendo al mismo tiempo: 

– Tomad y bebed el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad sus crímenes y consolad a vuestro Dios. Y, postrándose de nuevo en tierra, repitió con nosotros otras tres veces la misma oración: «Santísima Trinidad… etc.», y desapareció.