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2019-10-02

2019/10/02

miércoles 02 de octubre de 2019

Hoy se ordenaron diáconos Maury, Joseph y Jaime y al término de La Santa Misa estaba yo platicando con la Señora Sarita. De momento, moví mi mirada hacia el altar y a un costado de este, tan preciosa como siempre, estaba Nuestra Señora. Caí de rodillas, ella me sonrió y me dijo:

Mi amado hijo, he venido a bendecir a estos tres hijos míos que mañana se harán sacerdotes. Les guardo en mi corazón. No temas nada, pon tu confianza en Dios. Las gracias que obtengo de Dios son para mis hijos amados que las piden con fe y devoción. Esas gracias son repartidas para que unos crean, otros se aumente su fe, otros por se fieles, otros por su insistencia. Dios no desoye a sus hijos pero da a cada quien según su voluntad.

Mi corazón de madre se aflige sobremanera porque muchos siguen ciegos y sordos. La mayoría irá a parar al infierno porque se han enfriado en las casas de Dios y el mundo les mueve.

No dejes de orar, recen a diario el Santo Rosario, comulguen y fortalezcanse de Dios. Vistan las armaduras de Dios porque el combate se acerca, ya está próximo.

Venid a mi, vuestra piadosa madre. Y yo, la capitana del ejército remanente, les guiaré y conduciré al triunfo de mi Inmaculado Corazón.

Recibid mi bendición.

Me bendijo y desapareció de mi vista.

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