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2019-05-20

2019/05/20

Lunes 20 de mayo de 2019

Cuando mi amado hijo andaba con sus apóstoles, les enseñaba y guiaba durante aquellos tres años de su vida pública, los instruía así como lo hace contigo. Les preparaba para una misión tan importante, ellos unos hombres sencillos e ignorantes, pero con un corazón grande, generoso y sobre todo dispuesto. Les enseñó mientras anduvo entre ellos, después envió sobre ellos el Espíritu Santo y les recordó todo lo que les había enseñado, les dio valor, valentía, ánimos de cumplir con esa misión. Yo, como buena madre, rogué al Eterno Padre por ustedes: el Remanente Fiel de mi Hijo. Y desde el día de ayer ha sido derramado el Espíritu Santo sobre ustedes en toda su plenitud. Sean valientes, decididos, animosos a llevar a cabo la misión de salvar la Santa Iglesia, reunir de todos los rincones de La Tierra a los verdaderos fieles y conducirlos al aprisco del Señor, Nuestro Dios. Dile a mi querido Noé que defienda la Santa Iglesia y todo lo que ayer en su ordenación episcopal le fue entregado. Esto es La Santa Tradición, la verdadera y sana doctrina y el auténtico Magisterio. Pedirle haga su escudo episcopal y escoge su frase bíblica que marcará su Episcopado. Decirle que junto contigo el amado apóstol de mi hijo dirigirán su Iglesia y llevarán a las ovejas a pastar en buenos campos y les darán a beber de la fuente de la vida que emana del Costado abierto de mi hijo. Sigan orando por mi amado Papa Benedicto XVI que sigue sufriendo encerrado entre los muros del Vaticano, Él desde ahí ora por ustedes, por la verdadera Iglesia de mi hijo. Tras su muerte comenzará el desierto para la Iglesia, sufrirán, serán calumniados, difamados y perseguidos, pero tengan por seguro que valdrá la pena sufrir por quien les ama tanto. Les bendigo con mi amor de madre y les guardo en mi Inmaculado Corazón.

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