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2019-04-18

2019/04/18

Jueves Santo 18 de abril de 2019

Mientras colocaba el monumento para la adoración de esta noche El Señor Jesús habló en mi interior y me dijo:

Querido hijo, qué rico el aroma de los nardos que has traído para el altar de mi monumento esta noche. En esta noche los voy a traer a mi de nuevo a mi Getsemaní. Espero recibir de ustedes consolación, espero recibir de tí y de todos el amor que me niegan muchos hombres porque el amor que les tengo es un amor incomparable con el amor de las criaturas.

Mi amor no tiene límites, mi amor no coacciona ni reprime, mi amor no hiere el alma, mi amor no lastima, mi amor inflama de paz sus corazones.

En esta noche del jueves Santo, ese tiempo que pases conmigo desde lo profundo del corazón haré derramar lágrimas de dolor porque muchas veces han herido mi Santísimo Corazón. Solos han caminado al borde del abismo y yo los he sostenido. He impedido que caigan a las partes más profundas. Derrama lágrimas de dolor porque no has sido el mejor de mis hijos.

Muchas veces abusan de mi misericordia. Qué hubiera sucedido si en los momentos más lúgubres y oscuros de su vida no los hubiese llamado. Se hubieran presentado ante mi con sus manos vacías; su alma deformada por el pecado. Hubieran sido arrojados al abismo del que jamás hubieran salido.

En esta noche consuelen mi corazón a través de la Adoración Eucarística. ¡Mírenme atado a la columna! mi piel despellejada, mis rodillas peladas, de mis hombros supura sangre preciosa, mi mirada opaca, mis ojos llorosos porque todos los hombres son los que me azotan con sus pecados.

Les espera un trágico final si no se arrepienten, si no toman conciencia del mal que han causado. Pobres hijos que han conocido de mi pero el mundo los tiene absortos, inversos en un sueño pasmoso. Sueño que aterra, asombra.

Pobres hijos míos que creen haber encontrado la felicidad y el gozo en las cosas del mundo cuando el pecado después les dejará amargura sin sabor en sus corazones. El sufrimiento que les espera en la eternidad es aterrador. Por eso en esta noche consuélame, seca mis lágrimas, besa y adora mis sagradas llagas y así purificaré todo tu corazón.

En esta noche quiero que sientan dolor de haberme ofendido, herido mi Sagrado Corazón. En esta noche quiero que desnuden su alma frente a las miradas de los hombres y se ocultan para pecar, para descargar sobre mi cuerpo santísimo latigazos sobre latigazo y no pensaron que yo desde el cielo los miraba y todo lo he registrado en el libro de la vida porque de sus malas acciones tendrán que responder en el día del juicio. Tienen una deuda pendiente para saldar.

En esta noche quiero que mis amigos pasen conmigo la intimidad, la intimidad de la soledad de mi nuevo Getsemaní, mi tabernéculo.

En esta noche repara las ofensas y sacrilegios hechos a mi Santísimo Corazón. En esta noche refrendo la promesa que os hice que me quedaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo. Te entrego mi Iglesia, cuida de ella, apacienta mis ovejas. Os amo con amor infinito y amor eterno y quiero que ese amor sea correspondido aún con el pobre amor que ustedes tienen para darme.

Qué noche tan más privilegiada para ustedes porque estaré entre ustedes en el Santísimo Sacramento del altar. Os doy mi bendición hijo mío. Me uno estrechamente a tí y guiaré cada uno de tus pasos. Bendigo a todos aquellos que a través de tí reciban mis gracias y mi amor.

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