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2019-03-31

2019/03/31

domingo 31 de marzo de 2019

Desde Días pasados hemos estado discerniendo (Mario y yo) el mensaje de Nuestro Señor del 20 de febrero y en oración he preguntado y El Señor Jesús me respondió así:

¡Salid de ella pueblo mío!

Hijo mío, medita y lee el libro del Apocalipsis capítulo 18 versos del 9 al 10 y allí encontrarás la respuesta.

De repente se oyó venir del cielo una voz muy diferente a la de mi Señor y decía:


– Luego oí otra voz que decía desde el cielo: “Salid de ella, pueblo mío, no sea que os hagáis cómplices de sus pecados y os alcancen sus plagas. Porque sus pecados se han amontonado hasta el cielo y DIos se ha acordado de sus iniquidades. Dadle como ella ha dado, dobladle la medida conforme a sus obras. En la copa que ella preparó preparadle el doble, en proporción a su jactancia y a su lujo, dadle tormentos y llanto.

Por eso en un sólo día llegaron sus plagas, peste, llanto y hambre. Y será consumida por el fuego. Porque poderoso es El Señor Dios que la ha condenado”. Llorarán, harán duelo por ella los reyes de La Tierra, los que con ella fornicaron y se dieron al lujo. Cuando vean la humareda de sus llamas se quedarán a distancia aterrorizados y horrorizados ante su suplicio y dirán: “Ay, ay, la gran ciudad ¡Babilonia!, ¡una ciudad poderosa que en una hora ha llegado tu juicio!”.

Terminó de hablar, llevé mis manos al rostro y lloré desconsolado.

A las 10 am salió el viacrucis al Cerro de la Cruz. Éramos como 50 personas. Nos tocó ver el milagro del sol y llegando al cerro, al término de las oraciones me puse a platicar con Mario. De repente todo a mi alrededor desapareció y comencé a ver unas montañas muy elevadas. De entre ellas un gran río bajaba de agua muy cristalina, transparente. A los costados del río había muchas almas, seres llenos de luz, de color blanco. El agua estaba muy fresca. Algunas almas y yo nos metíamos al río. Éste no nos arrastraba. Sólo el agua nos mojaba en extremo. Había almas que dudaban si meterse o no. De repente se produjo un gran terremoto y la tierra se partía y se comenzó a tragar a aquellos que no se metieron al río. Al caer en la tierra gritaban horrorizados y un fuego los consumía. De pronto el agua cristalina comenzó a convertirse en sangre y las almas se lavaban en esa sangre. Sólo unas cuantas eran.

Al terminar la visión volví en mí mismo y vi cómo una esfera pequeña bajaba del cielo y se posaba por encima de un pequeño arbusto casi seco y de pronto tan preciosa como siempre estaba de pie ahí La Santísima Virgen María.

Caí de rodillas al verla y ella me dijo cosas que no puedo revelar, me bendijo y desapareció de mi vista.

Después del éxtasis expliqué a todos lo que vi y coloqué mis manos sobre mi rostro y lloré desconsolado.

Acérquense a Dios aún es tiempo. ¡Conviértanse!

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