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2019-01-07

2019/01/16

miércoles 16 de enero de 2019

Estábamos rezando el rosario como siempre y al término de la Hora Santa nuestra Santísima Madre se me presentó y me dijo:

Hijo mío, mi corazón Inmaculado se exalta de gozo ante sus oraciones, palabras sentidas y sinceras porque sé que brotan desde la profundidad de su corazón. Palabras que son dulces lamentos. Los escucho y los miro con amor porque cuando uno de mis ojos empieza a sentir que el mundo ya no le llena, que el pecado es descalabro en la vida, corro inmediatamente a ayudarle porque soy el camino que los lleva directamente al cielo.

Lleva mi imagen primeramente a los hogares del grupo. Primero la recibirá Sarita, luego María, Noe, tú, Adriana, Verónica, Marco, Sebastián y Vero la de Actopan. Me recibirán en mi imagen en la advocación de Fátima un día cada uno. Al llegar mi imagen celebrarán El Santo Sacrificio de la misa. Reciban mi imagen como si fuera yo en persona. Mi presencia estará entre ustedes.

Salgan de su encierro espiritual y preséntense ante Jesús, su Sagrado Corazón desborda en misericordia. Y cuando estén junto a él, póstrense a sus pies, bésenlos y úngelos con el alabastro de su arrepentimiento. Sean como la mujer pecadora, rompan sus esquemas, reconozcan sus yerros, lloren sus culpas y suelten las amarras que les esclavizan. Dejen su depresión, su vida sin sentido y empiecen de nuevo como lo hizo ella. Perfumen sus pies con el reconocimiento de sus faltas, lloren, descansen en El Señor y levántense para emprender otro camino. Camino que los llevará a escribir otra historia, a cerrar el capítulo de su vida pasada.

Del 27 de enero al 04 de febrero le tocará mi imagen al grupo, después todos juntos celebrarán El Santo Sacrificio aquí, en mi casita. Después de esto repartirán las imágenes por 15 o 20 días. Que se las lleven los cenáculos, que se las lleve la gente de buen corazón y disposición para que hagamos una jornada de oración del rezo del Santo Rosario. Quiero salvar muchas almas. Sólo está en ustedes que me ayuden a salvarlas.

Le dije a La Virgen:

– Madre, todos me piden que te pida por ellos. Entonces le dije que si me permitía darle un beso porque lo prometí a los enfermos y a todos los que le pido por ellos. Entonces me dijo:

Ven y levántate hijo mío y besa la planta de mis pies. Hijo querido, no estás sólo, estoy contigo para amarte, protegerte y resguardarte en mi Inmaculado Corazón. Vendrán cosas fuertes y peores pero nada teman. Levanten sus ojos al cielo que se acerca el día de vuestra liberación.

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