Close

2018-09-19

2018/09/19

miércoles 19 de septiembre de 2018

Mientras cantábamos el Ave de Fátima se comenzó a formar una nube cerca del altar. De repente, La Santísima Virgen tan preciosa como siempre; radiante se me apareció. Parada en aquella nubecilla traía su traje más blanco que la nieve y su manto azul brillaba tan hermoso que es imposible describirlo con palabras. Su cabello largo hasta la cintura y su velo transparente caía por ambos lado hasta sus pies. Con voz amable y una sonrisa dibujada en su rostro me dijo:

Amado hijo, mi corazón se alegra al saber que cumplen los deseos de Dios. Dile a mi querido Arturo que es menester tenga el seminario listo porque el sábado viene una familia de lejos y no tienen dónde quedarse. Ustedes deben velar por las necesidades de los demás. Sobre todo cuando vienen aquí.

Dile a Sarita que veo con agrado el altar que quiere regalarle a mi hijo. Tiene que ser un altar digno.

(En ese momento se me dio la visión de cómo debía de hacerse el altar).

Yo te daré el aceite para los santos óleos. Dile a Noe que con lo que resta del dinero que tiene Mario te lleve a comprar finas esencias para que prepares los santos óleos. Él sabe dónde comprarlas.

Una esencia para el óleo de los catecúmenos, tres esencias diferentes para el Santo Crsima y una esencia para el óleo de los enfermos. Esto lo mezclarás con el aceite puro que te daré.

Sólo dos de ellos, El Santo Crisma, el señor obispo es el que durante la misa le pondrá las esencias. Así aparece en el ritual romano.

Mi querido obispo Adán es el elegido del cielo para ayudarlos. Pídele que venga a consagrar Los Santos Óleos y el altar el día de Nuestra Señora del Rosario. Esto es el 07 de octubre.

De la ordenación episcopal de mi querido Nestor yo te avisaré la fecha.

Dile a Francisco que Dominguito está conmigo en el cielo, que no se preocupe más.

Los amo con amor eterno y les doy mi bendición de madre. Ánimo mi pequeño…

Me dijo un par de cosas más que no tengo permitido escribir porque son para mi crecimiento espiritual y para el bien de la obra. Levantó su mano, nos bendijo y desapareció de mi vista.

El 17 de septiembre vino el obispo a la capilla. Al despedirse de nosotros se arrodilló ante El Santísimo, oró en silencio y al levantarse nos dio la bendición.

Desde el santo tabernáculo El Señor Jesús nos bendijo. Él mismo lo confirmó.

Yo también te bendigo, ánimo adelante.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *