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2018-03-29

2018/03/29

jueves santo 29 de marzo de 2018

En la oración de la mañana El Señor habló en mi interior y me dijo:

Mi alma, en angustia mortal ya sabiendo lo que me iba a pasar, miraba a mis discípulos con mucho amor. Pasaba por mi mente todo mi sufrimiento, lo que iba a padecer. Ellos no notaban mi tristeza, se pusieron a pelear quién era el más importante. Como si yo tuviera preferencia por alguno de ellos a lo cual les dije: +El que quiera ser el primero que sea el servidor de todos, el discípulo que sirve es el primero y grande en el reino de los cielos. Aquí no cabe la soberbia ni el egoísmo. Si están aquí es por pura misericordia mía, no por méritos propios. Sean humildes y generosas de corazón. Sólo el alma sencilla es la predilecta de mi corazón. Paulita, hija mía, ten cuidado de discernir los mensajes que recibes. No caigas de nuevo en la trampa del diablo y ustedes tengan cuidado de no recibir mensajes externos que no vienen de mi o de mi Santa Madre a través de mi apóstol. El enemigo anda buscando la manera de infiltrarse, no se lo permitan. Durante la cena les entregué mi cuerpo y mi sangre para que se alimentaran y tuvieran la vida eterna. Prometí quedarme hasta la consumación de los siglos. Esta noche la quiero pasar con mis amigos. Escucha cómo los latidos de mi corazón se han acelerado con tu presencia. Estoy abandonado y solitario en el Santo Tabernáculo por eso hoy quiero hablarte a tu corazón. Te susurro al oído y mis palabras descienden en tí como un viento suave, una paz inexplicable se produjo en tu interior. Era mi presencia. Era mi voz de padre que te invitaba a mi dulce morada para que me acompañes durante esta noche. Durante esta noche los ángeles entonarán junto con ustedes bellos himnos de adoración y de alabanza. Tu espíritu ha de permanecer bien despierto porque para eso te he llamado durante esta noche. Esta noche vela y repara por el abandono que me tienen los hombres en el Santísimo Sacramento. Sólo mi misericordia infinita te ha permitido encontrarte conmigo de corazón a corazón. En esta noche las llamas de mi Sagrado Corazón estarán dispuestas a abrazarte y calentarte porque esta noche hará mucho frío. El cansancio te intentará sumergir en un sueño profundo pero hoy te pido que sacrifiques ese sueño por amor. Abre tus ojos y veme en la hostia consagrada. Pide por los pecadores del mundo, repara porque son muchos los dardos de ingratitud que traspasan mi Santísimo Corazón y tú no has estado exento de haberme ofendido y herido. Esta noche te concedo una oportunidad más para que me pidas perdón por tus pecados, por tus rebeldías a mis leyes divinas. Es una oportunidad más que les concedo para que tomen consciencia de la urgencia de esta obra a la conversión de amor a mi Santísimo Corazón. Conversión que habrá de llevarlos a comportarse como si hubieran sido un ángel; descendidos del cielo a la tierra. Conversión que obrará en ustedes un gran prodigio porque ya no son los mismos. Porque algo nuevo y extraordinario ha sucedido en ustedes. Mitiga mi dolor, mi sufrimiento. Adora mi sangre preciosa despilfarrada por los pecados de los hombres. Adora mis sagradas llagas que son fuentes de amor y misericordia. Están a tiempo, vuélvanse a mi, empiecen de nuevo. No sean de los que hacen promesas a la ligera. Tomen consciencia de la delicadeza y el compromiso que tienen para conmigo. En esta noche que se acerca hagan silencio en su interior, no piensen en nada ni nadie mas que en mí. Sólo así podrán escuchar mi voz. Esta noche repara y ayúdame con el peso extenuante de mi Santa Cruz. Los pecados han teñido de oscuridad el mundo. El pecado se ha convertido en una epidemia mortal que ha llevado a la condenación a infinidad de almas. Consuela mi corazón, alábame, bendíceme y glorificarme porque soy tu Dios presente en la hostia consagrada. Hoy en esta noche refrendaré mi promesa de quedarme en el sacramento de mi amor de nuevo con ustedes por los siglos de los siglos preservaré este gran sacramento para la vida del mundo.

Salimos del senáculo y me dirigí a orar al monte de los olivos. ¡Qué tristeza la mía!, la soledad que sentí era indescriptible, soledad que aún siento en el sagrario porque estoy completamente sólo y abandonado. Mi sudor se hizo como gotas espesas de sangre, no podía dejar de lado sus ingratitudes, blasfemias y sacrilegios que sufriría a través de los siglos. Aún así le dije al Padre: “Padre, hágase tu voluntad”. Aprendan a vivir en mi voluntad. Sólo el que realiza mi voluntad realiza los planes divinos de amor y salvación por sus hermanos. Aprendan a vivir en mi divina voluntad, aprendan a decir como mi Santa Madre: “Hágase tu voluntad”. Aprendan a decir como yo en el huerto de los olivos: “Padre, no quiero pasar este cáliz. Pero si no hay más remedio que esto, que se haga tu voluntad”. Beban conmigo el cáliz de mi amarga pasión. Beban conmigo el cáliz que los ha de llevar a la gloria. De entre ustedes elegirán a uno que administre las contabilidades del dinero. Pero sin ningún cargo en específico, sólo esto lo hará por amor a mi servicio. ¡Que se haga Padre tu voluntad!”.

Por la tarde, antes de la Misa de la Cena del Señor, habló La Santísima Virgen en mi interior y me dijo: Hijo mío, el abandono no es otra cosa que despojarte de tu propia voluntad para dársela a Dios. Entrégale a él todo tu ser, memoria, entendimiento, voluntad, alma, cuerpo y espíritu para que todo tome como posesión y haga de tí una obra perfecta. Él arranque la maleza de tu corazón y siembre frutos nuevos que reverdecerán y florecerán para que recojas la cosecha. Deja que él te tome como greda blanda en sus manos y te restaure. Deja que te acrisole en el fuego como si fueras oro y plata. Deja que él te haga trizas, que él pilotee el barco de tu vida y te lleve a las fuentes de su Divino Corazón. Deja que él te talle y te pula para que seas la obra maestra de su creación. Vive en un santo abandono como en el que viví yo que fue peregrina en la Tierra. Caminé siempre en la gracia de Dios, me preocupaba de no manchar mi corazón con ningún tipo de pecado. Permanecí inmaculada por un don gratuito del cielo, no por mis propios méritos. Siempre confié en El Señor. Anduve en sus sendas, realicé todo lo que él me pedía que hiciera. Viví entregada a la sumisión de Dios. Tú, mi hijo amado, también puedes hacer lo mismo renunciando a tus propios criterios, a tus propios gustos e intereses dejándote moldear por Dios. Camina por donde Jesús caminó. Conócele y ámale. Y entrégate de lleno a él. Vive según sus mandamientos, vence tus tentaciones y huye del pecado. No pongas obstáculos a la obra de Dios, él actúa en la medida en que tú te entregas. Deja que habite en tu corazón y él te lleve en la dirección correcta. Por mi parte te ayudaré para que te entregues sin reservas, par aque desaparezcas tú y Jesús sea vivo en tu vida y reine en ella. Hoy te quiero alejar del mundo falaz, del mundo ruidoso que te ensordece, del mundo trivial y efímero. Mundo enfermo por la epidemia del pecado, epidemia que ataca para destruir, aniquilar, matar. Epidemia que contagia a todo hombre si no ha sido vacunado por el Sacramento de la confesión río de gracia. Epidemia que es el mal de este siglo, epidemia que ha acabado con todos los hombres. Evita su contagio, evita que seas picado por su veneno ponzoñoso. Porque, si no, vivirás como un muerto en esta vida. Hijo amado, ven a mi que te espero para darte todo el amor que no has recibido, para mostrarte todo tu pecado y te arrepientas de sincero corazón. Estás a tiempo, vuelve a la casa del Padre, casa con muchas moradas en las cuales te puedo hacer descansar. Moradas suntuosas que no encuentras en esta Tierra sino sólo en el cielo. Con espléndidos paisajes, paisajes; que te puedes recrear y admirar por su belleza. Vive en el estado de la gracia, deja al mundo ser mundo. Deja de ser hijo pródigo y emprende el camino hacia el cielo. Deja tus vicios, tus pecados. Camino que te lleva para ganarlo todo, camino lleno de rosas pero con muchas espinas; espinas que te harán sangrar, espinas que penetrarán en el profundo de tu corazón y harán que exclames ¡Abbaa!, ¡Padre!. Jesús te espera, ya te ha perdonado, ha pagado un alto precio por tí, ha derramado hasta la última gota de su sangre, te ha rescatado con su amor, no lo dejes abandonado.

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