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2018-03-27

2018/03/27

martes santo 27 de marzo de 2018

Nuestra Señora habló en mi interior y me dijo: Hijo mío, hoy he puesto ante tu vista la vida y la muerte. El bien y el mal. Eres libre, elige el camino que más te convenga. Si decides las sendas amplias y espaciosas encontrarás desolación, tristeza, maldición, epidemia, ruindad, vejación, no hallarás sosiego porque el pecado te esclaviza. El demonio te quita la vergüenza para pecar pero te la devuelve para confesarte. Nada te llenará y entre más tengas más desearás tener. Serás insatisfecho, melancólico, taciturno. El alejamiento de Dios te dará depresión, deseos de no querer seguir viviendo. Muchos hijos míos decidieron andar por este camino y hoy yacen en un pozo que no tiene salida. Lamentándose eternamente por lo que pudieron ser y hacer. Dolor profundo les acompaña por todas las veces que despreciaron las oportunidades que Dios les concedió para salvarse. Lloré amargamente las desdichas de estas almas que recibieron como pago a sus malas acciones la condenación eterna. De ahí jamás podrán salir. La ausencia de Dios siempre los acompañará. Pero si optas caminar por las sendas del bien recibirás una gran recompensa en el cielo. El disfrute, el gozo de la presencia de Dios. Tu corazón rebosará de alegría, sentirás paz en la persecución, fortaleza en la enfermedad. Jamás estarás solo, yo siempre te acompañaré, te protegeré. Ansiarás llegar al cielo, porque en el cumplimiento de la palabra de Dios, tienes derecho a un lote en el reino. El sol te calentará, la luna te iluminará. Gozarás de la vida como una aventura maravillosa. Te considerarás único e irrepetible porque la dicha perdurará. Mirarás el mundo de una manera distinta y diferente. No te dejarás seducir de las falsas apariencias. Comprenderás que la felicidad en tu vida es Dios. Los hombres cuando poseen todo el oro del mundo se olvidan de Dios. Creen que con el dinero se compra todo. El dinero ha condenado a muchos hombres avaros y de dura cerviz que brillaron por la opulencia. Que mediante la dignidad de las personas, por las pertenencias, por las cuentas bancarias, por su estatus social, hombres que construyeron en la tierra castillos suntuosos para ostentar, hombres que de su carro hicieron su Dios. Pobres hijos, bellos por fuera pero feos por dentro. No eres más persona por el lugar donde vives. El mundo las cataloga, las clasifica. Muchos en vida vivieron en mansiones espléndidas pero en la eternidad habitan en cavernas estrechas, oscuras y mal olientes. Ahora comprendes hijo que el dinero no es todo en la vida. ¿De qué te sirve poseer riquezas y perder tu alma? Prefiere vivir en la escasez. Muchas veces la opulencia te transforma haciéndote como el rico Epulón. Sé como Lázaro, en la vida nada tenía, pero en la eternidad lo tiene todo. No te avergüences de ser pobre. Avergüénzate mas bien si eres el rico con el dinero mal adquirido. Muéstrate tal como eres. No aparentes, es una manera de mentir y la mentira no va con ninguno de mis hijos que desean emprender el camino de la perfección. No seas avaro. Si Dios te ha concedido bienes comparte generosamente con los que carecen de todo. La caridad borra la multitud de todos tus pecados. Compadécete pues con el que sufre. Ve y socorre la vida de la viuda, protege al huérfano, da techo al exiliado, ayuda sin echar en cara por ello nada. Hijo mío, vende todo lo que tengas, repártelo a los pobres y luego sigue a Jesús. Él te recompensará y te premiará en el Reino de los cielos.

El Señor Jesús, durante la oración habló en mi interior y me dijo: 30 monedas de plata, ese fue el precio que me pusieron. Ve lo que hace la ambición y el dinero: divide, separa, corrompe. He visto cómo hay discusiones por algo que a mis ojos no tiene valor. Ya lo había hecho Judas: cenábamos en Betania y María se acercó con un frasco de perfume, muy caro por cierto. Era la ganancia de todo un año de trabajo ¿se imaginan? Lo derramó en mis pies y en mi cabeza. Ella me ungió. Judas se encolerizó y dijo: – Mejor se hubiera ocupado para los pobres. A él no le importaban los pobres. A lo cual respondí: – A los pobres siempre los tendrán, a mí no. Yo les aseguro que todo lo que se ha colectado aquí ha sido para mí y se ha gastado en mí. He decidido no haya tesorera en el grupo y reestructuraré el grupo para el bien de la obra. El grupo quedará de la siguiente manera: Tú, mi apóstol. Noé, Mario, Sarita, Adriana, Maricela, Toño, Javier, Paulita, Luis, Vero y Socorro. Agregaré uno más, después les explicaré, éste ha de ser Verónica a la que ustedes le dicen “la de Actopan”. Y quede como advertencia que quien entorpezca la obra de ustedes que son el cimiento participará desde fuera. Apóstol mío, expondrás mi presencia eucarística los miércoles durante El Rosario y repararás mi Sagrado Corazón. Formarás alrededor del mundo los grupos que ya te habíamos pedido a los cuáles llamarás senáculos, éstos serán el ejército para mi obra y salvar mi Iglesia de la mano del enemigo que la ha tomado. Comenzarás desde aquí, tendrás por directores espirituales a O. y N. mis queridos sacerdotes. Ellos junto contigo sacarán adelante todo. N. seguirá viniendo aquí a celebrar el Santo Sacrificio Eucarístico para el bien de la humanidad. Ya no mencionará a Francisco durante la plegaria Eucarística sino a mi querido Papa Benedicto XVI. Serán muy pocos sacerdotes fieles en estos tiempos de apostasía. Mi presencia será borrada de la mayor parte del mundo. Roma se ha degradado y corrompido. En tí mi Iglesia será preservada hasta el fin de los siglos. La ruptura con Roma será inevitables porque ahí reina la confusión. Ustedes son mi remanente fiel, el resto de Israel, mi verdadera Iglesia Católica que yo fundé. Prepararás el campo de la batalla final donde triunfarán nuestros Sagrados Corazones. Éste es el lugar que revelan tantas profecías. Éste es el sitio de la gracia. Vengan y les daré descanso a su alma. ¿Están enfermos?, vengan y yo los sanaré. ¿Están lejos de mi?, vengan y yo les restituiré la gracia. Serán acusados, expulsados, calumniados y difamados. Cumplan mi palabra, hagan mi voluntad y mi Iglesia se salvará. La llevaré a pastar en la mejor pradera y le daré a beber el agua de vida para que nunca vuelva a tener sed. Los jerarcas se han vuelto cloacas inmundas y su hedor contamina las almas y las manda directo al fuego del infierno, las lleva a la perdición. Yo soy todo amor y misericordia pero la copa la han colmado y está a punto de derramarse. Hacen de mi su Dios a su conveniencia pero no es así, basta ya. Terremotos, cambios en el cielo, en la atmósfera, cambios en el mar, verán la desolación en el Santo Lugar. Me buscarán y no me encontrarán. Profanarán el Santuario y la fortaleza, harán que cese el holocausto perpetuo y levantarán la abominación del asarrador (Daniel 11, 31). Solamente aquí y en otros muy pocos lugares donde habrá sacerdotes fieles a la verdadera y sana doctrina de la Iglesia será preservado el Sacrificio Eucarístico.

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