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2018-03-13

2018/03/13

martes 13 de marzo de 2018

Estando en oración comencé a escuchar cómo las cadenas de los incensarios, cuando se inciensa el Santísimo, un agradable aroma a incienso se comenzó a penetrar en la capilla. El Señor Jesús con fuerte voz habló en mi interior y me dijo:

Pueblo infiel, te has alejado cada día más de mi. Tus ritos y oraciones estériles no son del agrado de mi Corazón. La maldad les ha corrompido el corazón y su soberbia atenta contra mí. El espíritu de la confusión viene de ustedes. Lo predican en los púlpitos y en sus templos. Apóstol mío, qué dolor siente mi Corazón. Están prontos a presenciar la gran catástrofe. Antes, como ya lo ha advertido mi Santa Madre, una luz extraña aparecerá en el cielo. Será roja como la sangre. Este será el signo terrible del principio de la guerra. No quisieron escuchar mi voz… Se anunciará la muerte del Papa Benedicto, y pasado un tiempo no muy largo, se levantará triunfante mi enemigo. El sacrificio perpetuo será abolido y en esta, mi casa de reparación, será el único lugar donde me encuentren. Viviréis la terrible abominación de la desolación y la usurpación de mi trono. Haré callar las críticas y las calumnias. Por no haber escuchado mi voz, el clero tendrá que padecer y se verán sin su pastor. El que permanezca fiel y no apague la vela de su fe… ese le preservaré del castigo de la guerra. No dejes de trabajar para mi gloria, lleva a todos mis mensajes, construye mi templo y repara mi corazón. Tal vez me apiade de ellos y tenga compasión.

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