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2018-02-22

2018/02/22

jueves 22 de febrero de 2018

Me levanté muy temprano, eran como las 5 am. Mientras oraba, Nuestra Señora habló en mi interior y me dijo:

Hijo mío:
Dispón un altar adornado con un mantel, el crucifijo y una veladora. Colocarás ahí los escapularios. De un lado el de mi querido O. y el tuyo y del otro lado el de los once y el mío. Me darás el que te corresponde y yo te daré el que colocaste en mis manos.
Mi querido O. los bendecirá y uno a uno besará el crucifijo y les entregarás en sus manos los escapularios. Aún no sé lo colocarán. Después les dirás esto:

Amados hijos míos:
Hoy les entrego de mano del apóstol de mi hijo mi escapulario. Será su escudo y armadura, su uniforme de guerra en este mi ejército, su paño donde secar sus lágrimas. Les entrego la preciosa sangre de mi hijo y mi precioso manto. Les entrego la gracia para que permanezcan en una continua presencia de Dios.
Esta gracia divina es para que la den a conocer al mundo entero porque muchas almas volverán al Señor. Así como les hablo con ternura, así hablen a los demás y llévenlos a Dios.
Los amo y los guardo en mi Inmaculado Corazón.
Nada teman, el poderoso brazo de Dios está con ustedes.
Mi querido O. y tú colocarán a cada uno el escapulario.
Te amo mi pequeño.

Por la noche así se hizo tal como Nuestra Señora lo pidió.

Gracias Madre por proteger a tus hijos.

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