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2017-12-11

2017/12/11

lunes 11 de diciembre de 2017

Acudimos a ver al Padre Juan Bautista, que nos cito´según me dijo por teléfono, para darme a conocer el dictamen del Obispo respecto a las apariciones de Nuestro Señor Jesucristo y La Santísima Virgen María en Pachuquilla. No hubo tal dictamen del Obispo sino un dictamen suyo que nos entregó en el cual da sus observaciones a los acontecimientos. Nos dio también una copia de la guía de La Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe llamada Normas sobre el modo de proceder en el discernimiento de presuntas apariciones y revelaciones y nos comentó que es su guía para el estudio que está realizando sobre las apariciones de Pachuquilla. Al final de su dictamen me pide a mi y al grupo que no hagamos ningún acto de culto público ni en domicilio ni el otro lugar sin la autorización de la Mitra o del Párroco. Y como prueba pide se guarde silencio respecto a lo que está sucediendo para permitir que el cielo obre en consecuencia. Textualmente su documento dice en los puntos 15 y 16:

15. “Mientras la autoridad eclesiástica lleva a cabo toda la investigación no se permite la práctica de ninguna forma de culto público. Ni en domicilio ni en otro lugar. 16. La prueba que la autoridad eclesiástica impone por ahora al vidente y demás personas involucradas en el asunto es guardar absoluto silencio al respecto. Cualquier forma de rechazo o inconformidad con la disciplina de la Iglesia haría explícito la desaprobación y des-calificación del caso”

Se le preguntó que si podemos seguir haciendo Nuestro Rosario y acudir a la Iglesia de Pachuquilla los primeros viernes de mes a misa y desagraviar al SCJ y dijo que sí, que son cultos aprobados por la Iglesia.

A continuación se pone copia del documento del padre Juan Bautista como parte del registro de esta bitácora. Como grupo del SCJM se dará respuesta a la carta del padre Juan Bautista a fin de que quede el registro respectivo sobre la obediencia que se guardará a la Iglesia para el bien de la Obra de Nuestro Señor Jesucristo.

Jesús, en tu tiempo a tí también te silenciaron y guardaste silencio. Pero con tu sola presencia irradiabas el mensaje que les querías dar. Ayúdame Señor a irradiar el mensaje que tu me das en el silencio Ayúdame a irradiar tu mensaje y tu palabra y la de tu Santa Madre que nunca viene por ella sin oque es enviada por Dios.

Ayúdame en estos momentos a guardar silencio. Ayúdame a obedecer. Sé que es para el bien de tu obra. Yo sé que tú a través de este silencio darás muchos frutos para que tu obra se lleve a cabo. Mi Señor, el Dios del silencio. El Dios que a veces no necesita decir nada para demostrarlo todo. Sin embargo, ese Dios silencioso se manifiesta porque en el silencio su pueblo no escucha su voz. Lo mismo hiciste con Moisés. Lo llevaste a lo alto del monte para darle tus mandamientos, para darle tu palabra, tu ley. Sin embargo, como el pueblo no creyó en él te manifestaste en el trueno, en la columna de fuego y en la nube encima del Santuario. Mi Dios, el Dios silencioso pero que a la vez se manifiesta para demostrar que está ahí presente en medio de su pueblo. Podré callar, sí. ¿Pero quién callará a Dios? ¿Quién lo silenciará? Tú mismo dijiste: “Si mis discípulos callan yo les aseguro que las piedras hablarán” Yo tendré que guardar silencio pero tú no mi DIos, tú no.

Mientras el padre Juan Bautista me leía la parte donde se me “prueba” a guardar silencio, La Santísima Virgen habló en mi interior y me dijo: “Ve a ver al Obispo y dile todo lo que has visto y escuchado”

Más noche como a las 11:00 pm me dispuse a orar el Rosario y se me apareció Nuestra Señora con una sonrisa en su rostro. Bellísima, ruborizadas sus mejillas, un vestuario en color oro tan precioso que no se compara a ninguno en este mundo. Tomó su rosario con su mano izquierda mientras que con la derecha hacía la señal de la cruz, rezábamos despacio ella y yo. Ella meditaba los misterios y yo le contestaba. Es el mejor rosario que haya hecho hasta ahora. Su sola presencia disipó mis dudas. Su sola presencia contestó mis preguntas. Su sola presencia me dio consuelo, valor y ánimo para llevar a cabo lo que Dios me ha encomendado. Me enseñó a rezar el rosario y dos hermosos cantos que luego escribiré cuando se me de permiso. Me vino a dar alegría en mi tristeza.

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