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2017-11-26

2017/11/26

domingo 26 de noviembre de 2017

Me levanté temprano y fue a confesarme. Escuché misa. Desde que comulgué mi lama tiene una santa alegría indescriptible.

Durante la mañana llegaron peregrinos de Mixquiahuala, Tlalcruz, Puebla, Actopan, México, San Cayetano, Pachuca, Huehuetla y otras partes de la República: Tijuana, Guanajuato, etc. Adornamos las capillas con flores y veladoras.

A la 1:50 pm salimos en procesión más de 250 personas hacia el Cerro de la Cruz con las imágenes de bulto del Sagrado Corazón y Nuestra Señora, tal como lo pidió La Virgen. Era un ambiente sobrenatural. La fe de las personas, la emoción del alma por encontrarse con su Señor.

Rezamos el viacrucis, parábamos en cada estación. La gente del pueblo se somaba desde las ventanas de sus casas. Algunos salían a persignarse a la puerta de sus casas.

Eran casi las 4 de la tarde cuando llegamos al cerro. Por la 13va estación un ángel se acercó a mi y me dijo: Nuestro Señor te está aguardando en el cerro. Mi alma se llenó de santa alegría.

Cuando llegamos a la punta Nuestro Señor ya estaba ahí, aunque no lo había visto, yo sentía fuerte su presencia.

Terminamos de rezar la 14va estación y de repente apareció el Señor Jesús frente a mi vestido con un alba blanca, un manto rojo, de su cuerpo emanaba una luz indescriptible. Me miró con mucha ternura, volteó a ver a todos con mucho amor y me dijo:

Recuerden y nunca lo olviden, su rey reina desde la Cruz. Su rey tiene puesta una corona de espinas, su rey está aquí presente entre ustedes, su rey los ama, su rey los guarda en su corazón y veo con agrado todo lo que han hecho por mi. En respuesta a esto prolongaré un poco más el tiempo de gracia para que construyan mi templo y se evite el castigo. Pongan la cruz y recuerden siempre al ver este signo la presencia indeleble de mi presencia en este pueblo y en todo el mundo. Que al alzar la Santa Cruz en este monte se recuerde mi amor por todos. Que al alzar la Santa Cruz en este monte les recuerde cuánto les amo y que mi presencia siempre estará entre ustedes. Los guardo en mi Sagrado Corazón. Los bendigo y recuerden que aquí en este monte estuve entre ustedes.

Desapareció de mi vista, les pedí colocaran la Cruz y así lo hicieron. De repente, El Señor Jesús se apareció de nuevo en lo alto de la Cruz y miraba a todos con mucha ternura y me dijo:

No estés triste, aunque ya no me veas aquí en esta tierra, te prometo en mi misericordia oirás mi voz en la oración y la de mi Santa Madre. Te prometo llevarte un día conmigo a la Gloria del cielo y recompensarte todo lo que estás haciendo por mi. Nada temas mi amado hijo.

Alzó su mano derecha, nos bendijo y se fue elevando hasta desaparecer.

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