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2017-11-16

2017/11/16

jueves 16 de noviembre de 2017

Eran las 5 am y desperté a orar. Tuve una visión. Había una higuera preciosa. Sus hojas verdes fuerte. Tenía higos ricos, morados, listos para comerse. Estaba más alta que yo. Vi morir en su cama al Papa Benedicto XVI. Al instante la mitad de la higuera quedó sin hojas, seca y la otra mitad como la vi al principio.

Eran las 09:20 am. Nuestra madre me dio un mensaje (referente a los enemigos y ataques a la obra de Dios). Habló en mi interior y me dijo: “Mis hijitos, ¿a qué temen? Se los he advertido, hay enemigos ocultos que quieren hacer daño. Pero, ¿a qué tienen miedo? Díganme ¿acaso no estoy protegiéndolos? ¿Qué acaso no los cubro con mi manto? ¿Qué acaso no les estoy dando todo mi amor y mi protección a través del bálsamo y los sacramentales? Ya lo dijo mi hijo: “No hay nada oculto que no legue a saberse, ni nada escondido que no quede al descubierto. ¿A qué temen?, a que lo que hablan por teléfono, que es si no mas que la pura verdad sea descubierta. Díganme mis niños, ¿qué acaso no sienten mi protección de madre? No teman, no tengan miedo de nada ni de nadie. Ya lo dijo mi hijo: “Teman a quien puede matar el alma, no a quien mata el cuerpo.” Son muchos los enemigos de esta obra y muchos los enemigos de mi hijo. ¿Qué podrán hacerles si la poderosa mano de Dios está con ustedes? “

Días antes El Señor me regaló un pétalo con su precioso rostro dibujado en el y Nuestra Madre me dio la orden de dárselo a Adriana y decirle que sería mi mano derecha en lo que respecta a la oración. La imagen de bulto del Sagrado Corazón suda el aceite sólo en el rostro, las manos y los pies.

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