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2017-10-01

2017/10/01

domingo 01 de octubre de 2017

Siento la agonía del Señor en mi cuerpo. La misma que sintió en el huerto de los olivos. Él me hace sentir lo que mas hirió su corazón en ese momento. La desconfianza, el desamor, era tanto el dolor hasta el punto de derramar sangre en su sudor. Me lo hizo experimentar. El sudo y el dolor me une tan íntimamente a su pasión que comenzó en ese momento. Mi corazón no deja de latir. Palpita al mil. Siento su dolor en mi corazón.

Oh almas, no duden ni desconfíen de él. Amarlo parece un mendigo pidiendo amor . Ámenlo, ámenlo almas. Ámenlo que pide mucho amor.

El Señor no había comido ni bebido nada durante la cena. Eso y el camino del cenaculo al huerto le hicieron sentir más debilidad. Desde que llegó al huerto su corazón se partía de dolor al saber que la humanidad ingrata no iba a corresponder al sacrificio. Es un dolor inmenso , indescriptible. Perdón Señor, ¡perdónanos!.

Antes de todo esto El Señor me regaló 3 pétalos con la imagen de Cristo crucificado. De uno de ellos salió aceite. Ese es para un enfermo en especial. Los otros dos, me dijo La Virgen: Uno para Noé y otro para Mario.

Desde ese día mi alma está en sintonía con Dios mas íntima. Hoy me confesé. Ahora quiero hacerlo con más frecuencia. Necesito más de Dios.

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